9 de septiembre de 2012

Las aventuras en Mistura

Ayer fui a Mistura, la feria gastronómica. Yo se que todos odian las colas y que la mayoría de ustedes no está dispuesto a pasar por semejantes calvarios para poder comer esos platos que luego pueden comer en los restaurantes cualquier fin de semana (porque claro, tu vas a cada rato a esos restaurantes, eres cliente del mes todos los meses y en fin) y que pof pof con la gente que va porque la entrada es muy barata y me llega al pincho tu filtro, pero que luego se indignan porque Patricia del Río le dijo pezuñento a un pezuñento. Bueno, a mi si me gusta Mistura, me parece una idea bien feliz y que los organizadores tienen derecho a llenarse de plata porque eso es lo que tiene que pasar cuando alguien sale con una buena idea de negocio. 

Así que nada, ayer sábado me encaramé a mi combi todo Angamos para llegar a la estación del Metro y de ahí hasta la Estación Central, caminar unas cuadritas y orgasmearme con mariscos, pollos y cosas rellenas. La estación de Angamos estaba reventando de gente y bueno, una cosa es que tolere el gentío en Mistura y otra que sea masoquista. Vámonos en taxi mejor, que nos deje cerca y caminamos lo mismo. Así quedamos y luego de caminar un par de cuadras tomamos un taxi hasta el Parque de la Expo por el cual pagamos 8 lucas. 

Llegamos más o menos a las 2y30pm; hora punta de la glotonería. En las afueras, como siempre estaban los revendedores y oportunistas que me recuerdan que donde alguien hace algo bien, siempre habrá carroñeros alrededor que buscan colgarse del éxito sin hacer mucho esfuerzo. Aparte de ellos, estaban los curiosos y torpes que no compraron su entrada con anticipación y que, o compran en reventa o esperan que por obra y gracia del espíritu santo, se abra una puerta mágica tipo el armario de Narnia y los transporte a todos adentro de la feria. Nunca entenderé nuestra falta de planificación. 

En fin, yo tenía mi tarjeta cargada con 100 luquillas y espacio en la panza al no haber desayunado. El clima estaba medio helado aunque aún quedaba un poco de sol. Gonzalo me prestó sus lentes así que estaba yo todo chévere, todo fashion, con polo manga corta y nuestras poleras en la mochila. Empezamos buscando un mapa. Botamos el mapa a la basura porque no nos sirvió de nada, es el peor mapa de Mistura que han hecho; auxilio. Decidimos caminar en orden, empezando por la zona de huariques y viendo qué nos provocaba comer; sin planes predeterminados, sin ruta fija, a la deriva de nuestros antojos. 

Así compramos lo que nos vino en gana, haciendo colas cortas y razonables mientras comíamos lo comprado previamente y así la sensación de realmente estar haciendo colas desapareció; la comida te pone de buen humor y, salvo estúpidas excepciones que nunca van a faltar, todos respetaban y estaban de buenas, comiendo y disfrutando. Hasta la selección había ganado su partido la noche anterior. Nos llenamos y fuimos por chelas. Compramos Cristal, que no es tan rica pero tenían latitas de la feria y nosotros somos angurrientos pues, déjennos. Ahí me encontré con Oriana que estaba ayudando a una amiga en un puestito de pachamanca (que por cierto nunca comimos). Abrazos, besos y fotos con Pichi. 

Vimos a los panaderos bailar. Pobres panaderos, sus caras inexpresivas indicaban que preferirían estar muertos antes de seguir bailando su cancioncita, haciendo las coreografías todo serios jajaja, muy graciosos pero se notaba que estaban totalmente obligados. Aunque no deberían quejarse mucho, maestros del pan, que han tenido buen público y por lo que escuché han salido en varios canales y todo. De aquí directo a Yo Soy. 

Nos cansamos, me encontré con mi amiga Lisa (me olvidé de tomarme foto con ella y lo lamento), empezó nuestra búsqueda que a la larga fracasaría de una cremolada (fácil por el frío nadie pensó en venderla, te extrañé mucho). Luego dimos vueltas, compramos jugos naturalísimos y carísimos y nos sentamos en una mesa. Luego vinieron las coordinaciones con el chef y Jess para darles sus entradas (yo las había llevado todas). Fuimos a la puerta de entrada pero no nos dejaron salir, o si salíamos no podríamos volver a entrar, pero nos indicaron que por otra puerta si se podía hacer el pase. Fuimos, conversamos con un broder de seguridad y pude acercarme a la reja para darle las entradas al chef. El intercambio fue como el pago millonario de un rescate de rehenes pues había una zona entre la reja de la calle y la feria donde no podía estar nadie. La zona estaba iluminada cual frontera y a mi se me autorizó avanzar para dar la entrada. En la calle, el chef vivía la misma situación. Le entregué sus entradas con movimientos lentos (no me vayan a disparar) y regresé lentamente, sin guardar las manos en los bolsillos. 

Seguimos tragando hasta como las 10 de la noche, no sin antes tener un breve recorrido alcohólico y picaronesco, comprando una botella de un pisco con chocolate buenaso y nos fuimos por otros rumbos, pensando que comer es una de las mejores cosas que hay en la vida y que comer en mi país es lo mejor que le puede pasar a quien tenga la suerte de venir aquí. Bueno, eso y conocerme.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

tuviste una buena compañia :) aaaaaaasi es!

Rin8 dijo...

Tu lo has dicho!