Hace unos años, me fui de gira al
norte para presentar una obrilla infantil. Una de las tantas adaptaciones que
se hicieron cuando el fenómeno de High School Musical invadía a cuanto chibolo
incauto había. Ni cortos ni perezosos, un grupo de amigos armó su elenco de
Troy Bolton y su pandilla pero “de los pobres pe”. A mi también me llamaron
para completar el elenco, en un papel que no revelaré jamás y que no existía
creo (nunca lo sabré porque la obra se basaba en HSM 2, película que nunca vi
ni veré).
La cosa es que estuvimos en Chiclayo
y Trujillo. La obra fue un desastre porque nos estafaron, o sea nunca cobramos.
La gente que debía promocionar la cosa por el norte falló y al teatro no
entraban ni los niños perdidos de Peter Pan. Incluso tuvimos que huir de
Trujillo sin pagarle a la dueña del teatro o a no se quién. En cuestiones económicas
fue un fracaso pero conocí a un grupo de gente alucinante.
Eran como una compañía de circo
bizarro. Gente de todos los sabores, colores y olores en un viaje que para mi
fue como repetir un viaje de promo; mucho mejor que el verdadero (sorry amigos
de la promo, es cierto). Comimos menús de los famosos (y muy ricos)
Chifas-Pollerías y dormimos en hoteles no necesariamente cómodos, visitamos discotecas
novedosas y hubo mil aventuras. Entre ellas me acuerdo mucho de un hotel muy
bonito en Trujillo donde nos hospedamos cómodamente. Tenía un ambiente
campestre y estaba un poco alejado del centro de la ciudad. A mi me gustaba. Los
productores que nos llevaron se hicieron patas al toque del administrador del
hotel, un tal Nicolai, que era hijo de la dueña. Nicolai era bastante amiguero
como buen norteño y casi inmediatamente se hizo amigo de los productores. Incluso
una noche, para celebrar (no se que cosa celebrábamos porque teníamos teatro
vacío) nos invitó a la “sala de conferencias” a tomar un trago y conversar. Lógicamente,
con un grupo tan amante del trago en abundancia, estuvimos ahí, haciéndole el
habla a este Nicolai y por ahí una que otra chica siendo tal vez un poco
demasiado amable con él.
Se acabó la gaseosa. Lo que tomábamos
era ron con Coca Cola (recuerden, viaje de bajos recursos jaja). Aún quedaba
ron y para seguir tomándolo, Susana, nuestra productora le preguntó a Nicolai, “Sabes
donde podemos comprar Coca?”
Lógicamente, Susana se refería a la
gaseosa y no la droga, pero los ojos de Nicolai cambiaron de color, le
brillaron y se puso muy nervioso “Si quieres yo te puedo llevar a comprar coca,
yo se donde venden” decía apuradamente. Susana se apuró en decirle que se refería
a la Coca Cola
pero ya era demasiado tarde, Nicolai había entrado en un estado de euforia que
lo cegaba de cualquier explicación y estaba empedernido por ir a comprar la
bendita coca.
La gente no entendía bien lo que
pasaba, y en medio de la confusión y el trago, dejaron que Susana, Nicolai y
otro amigo más fueran a comprar lo que todos pensábamos era Coca Cola. Nicolai
se los llevó a una casa Trujillana elegante donde había una fiesta. Según nos contaron
luego, hubo unos minutos de conversación, mis amigos admirados por tanto lujo
trujillano (carros, trago y gente de la high life norteña en pleno) y la
transacción fue realizada. Nicolai ansioso y feliz regresaba al hotel con mis
dos amigos y la coca que había conseguido comprar. Mis amigos solo querían
alejarse del que había resultado ser un cocainómano loco.
Al regresar al hotel nos contaron rápidamente
y Susana entre risa y nervios me pidió que la esconda… “a dónde te voy a
esconder gordita bella?” le decía cagándome de risa. Esconderla, a pesar de sus
carnes ricototas no fue complicado pues era de noche, Nicolai estaba ebrio y
medio drogado y con las justas pudo abrir la puerta para que el taxi entrara al
hotel. Me quedé con Susana apoyados tras un poste (la escena era divertida
porque es como esconder a un elefante detrás de una margarita…sorry Su! Te quiero!)
y tapándonos la boca porque no podíamos
con la risa. Al final, Nicolai abandonó su empresa de drogarse con alguien y
procedió a hacerlo solo.
Luego le dijimos que ya todos nos íbamos
a dormir (mentira pues) y nos empezamos a ir. Los chicos a sus cuartos, las
chicas a los suyos. Minutos después, las chicas en nuestro cuarto: “Nicolai
quiere meterse a dormir con nosotras!!”. Y la puta madre, qué podíamos hacer?
Esconder a las chicas en el cuarto hasta que el cocainómano se aburriera de
buscarlas por el hotel.
Así fue que se aburrió y se fue a su
propio cuarto. Al día siguiente, Susana fue a hablar con la dueña del hotel que
nos pidió disculpas y nos explicó que su hijo estaba enfermo, que no había
salido desde la noche anterior de su cuarto y que no quería ver a nadie, que
muchas veces sucedía esto y que el señor Nicolai no salía hasta días después de
su cuarto, en busca de nuevas delegaciones teatreras que le hicieran el habla,
los invitaba a su sala de conferencias, los drogaba, violaba y mataba… bueno la
última parte no es cierta y la dueña nos devolvió algo del dinero pagado y nos
fuimos a un Chifa-Pollería a celebrar la devolución y a buscar un nuevo hotel…
sin coca por favor.
4 comentarios:
en el Chifa-pollería .. venderán una richa sopa wantán con trocitos de pollito? Seguro que si.
Pd. seguro eras un personaje trigueñito de HSM
El chifa pollería era el clamor popular, era lo más rico que había con ese presupuesto. De hecho habían sopas wantán, deliciosas, pero ponte mañana por ejemplo no creo que compre una sopa como esa :P
Eres tan lindo que hasta cuando escribes sonseras me encantas jajaja
Muchas gracias! :)
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