10 de octubre de 2011

La impro feliz (Autor: Rin8)

El domingo mi equipo de impro, “Los Rechazados” ganó su partido. Ganamos también la mención honrosa y la medalla al mejor jugador. Ganamos todo y jugamos mejor que la última vez, bastante mejor. Yo casi no hice nada y, aunque me estoy subiendo al carro, estoy, como diría el Chavo del Ocho “recontracontentisisisísimo”.


El equipo es bacán y hay mucho equilibrio. Yo, como buen librano, busco el equilibrio desesperadamente a donde voy, trato de generarlo y no me importa adoptar cualquier postura con tal de balancear. Que las cosas funcionen como una maquinita, resultado de un esfuerzo colectivo siempre ha sido algo que me conmueve.



Y es que no somos la gran cosa y el de ayer no ha sido lo mejor que cada uno haya hecho en su vida. Simplemente fue un buen partido en una fecha no tan buena. Me llené de gusto al ver a Martín Martín Martín (así se llama) ganar su medalla y aunque no lo conozco mucho y lo de ayer es lo mejor que le he visto hacer, se nota que aún es uno de sus partidos más bajos. Y aún así medallita. ¡Bien jugado! Y tiene para mucho más.


Nuestro capitán, que mide metro ochenta y que está harto de que se lo diga y de que llegue tarde (carajo, siempre me pasa algo, como si alguna fuerza maligna no quisiera que llegue a tiempo y lo haga sufrir de más) es lo que para mi en fútbol es un lateral: Corre toda la cancha, en defensa y en ataque, centra bien y luego regresa para defender, siempre atento. Cuando hicimos nuestro análisis grupal (para que vean que ensayamos cuerpo y mente) él mismo reconoció que se sentía cómodo haciendo eso: jugando por los flancos, entrando peligrosamente por los bordes, sin que nadie se lo espere y sorprendiendo a todos. Da seguridad tenerlo, la tiene clara como capitán (saooo!) y es muy gratificante tener a alguien que en banca diga: “ok, sales tu y haces esto”.


La pequeña Piera que salta por el campo recolectando honguitos (aquí se me viene a la mente un chiste de una monja recogiendo honguitos en el bosque y de un vago con una erección durmiendo boca arriba en ese mismo bosque; pero no lo voy a contar) juega con la garra de alguien mayor. No se achica (jaja que buena: “noseachica = no sea chica = Piera, que no es chica”…cualquier cosa digo pues) y si bien no salió tanto como en los ensashos, la explicación la dio ella misma antes de salir “ustedes tres tienen que probar algo juntos, como las chicas superpoderosas o algo así” nos dijo nuestra querida víctima de violaciones detrás del escenario. Ella es la que tiene más apodos en la interna, a la que abollamos más. La hermanita menor pues, aunque te freguemos tanto te amamos.

Y bueno, yo no hice nada. Me limité a buscar mi equilibrio desesperado y vi todo tan bien que parte de mi decía “carajo, que chévere este partido, no hay que esforzarse y solo queda disfrutar”. Así que creo que salí dos veces, una para cometer falta (te quiero Pepa) y la otra recordando el final oculto de los supercampeones, con Oliver sin piernas (me gustó, me gustó y que paja cuando el público te hace paralizarte un segundo para disfrutar sus aplausos). Comodidad es lo que sentí, cero ansiedad producto de calentar cuerpo y mente antes grupalmente.


Me gustó la actitud de buena onda con el otro equipo antes de salir, “que sea un show, olvidémonos de la tabla”, dijimos antes de entrar. Creo que dimos un buen show entre los 8 y eso se agradece jodido. Los puntos y demás, como decía (y dice) Sergio Paris “es un ‘yow’ llamado Campeonato, al público le llega al huevo quien gana, lo que quieren es pasarla bien”. Cierto pues.


Así que nada, del último domingo que jugué horrible (jugué?) y me fui molesto (aunque ganamos), lo de ayer me devolvió a la atmósfera feliz que, según mi definición, debe generar la impro. Hay varias cosas por explotar pero lo importante es mantener la base de juego colectivo de 8. Espero que todos los equipos mantengamos ese espíritu. Siempre lo he dicho y siempre lo diré y los que me conocen lo saben: Yo no hago impro para ganar partidos (no soy tan gracioso además jaja), hago impro para estar feliz, porque creo firmemente en que un grupo de huevones sin escenografía, guión ni vestuarios pueden contar una historia con sus cuerpos y voces, y pueden hacer que el público VEA todo eso que no está ahí. No hay mejor forma de terminar un domingo ¿no?

Y que lindo está el himno!

1 comentario:

Unknown dijo...

Ya era hora pues hermano... Ves que te estoy dando la oportunidad??!! Jajaja, abrazo!!