4 de julio de 2011

El origen de Dios (Autor: Rin8)

En el salón pequeño y con la chimenea encendida, Jack sorbía café de su taza, tal como había aprendido de un catador amigo de Josephine que le enseñó que, para no quemarse la lengua, había que sacrificar el buen gusto y sorber sonoramente de manera que el café caliente se mezclara con aire frío y entrara a la boca en pequeñas cantidades sin generar dolor. Reconoció el buen café extranjero que había traído Charles de uno de sus tantos viajes. Habían bebido algo de vino en la cena pero no habían exagerado; Charles debía regresar pronto a descansar para partir en el primer barco de la mañana, de vuelta a Nueva York.

La mansión de la señorita Winfrey siempre había sido el lugar más acogedor del planeta para ambos, Jack y Charles, que se hospedaban ahí cada vez que acordaban coincidir en Bournemouth. Cada año regresaban, cumpliendo su promesa de no perder contacto. Habiendo crecido juntos en esa misma mansión, Jack, escritor y Charles, banquero, honraban su palabra religiosamente cada setiembre. La señorita Winfrey, delgada y nerviosa anciana, los acogía encantada, negándose a recibir cualquier pago aunque ambos amigos siempre lograban esconder algunas libras en la alacena que eran encontradas por una ofuscada señorita Winfrey semanas después de haberlos despedido.

Había un buen fuego en la chimenea del salón pequeño y Charles observaba a Jack con una leve sonrisa.

- ¿Algo que quieras agregar Charlie? – Preguntó Jack amodorrado al sillón más cercano al fuego.
- Absolutamente nada. Queda claro que te has entregado a la demencia por completo.
- Nadie va a aceptar mi teoría como algo serio, ¿verdad?
- Ni en un millón de años mi querido amigo. O bueno, tal vez en dos millones.

Jack hizo un sonido de leve irritación con la boca y dejó su taza de café en la mesita alta que se ubicaba a su izquierda. Se quedó mirando el techo del salón pequeño y suspiró.

- A mi se me hace bastante claro, pero es un poco molesto cuando las personas a quienes se las he contado me miran como si estuviera loco.
- Es que estás loco, Jackie.
- ¡Vamos Charles! Un poco de apertura de mente por favor.
- ¡Mi mente está forzando sus niveles de apertura al simplemente continuar con esta conversación!
- Mira, te lo explicaré de nuevo: Existe la posibilidad de que Dios sea un ser de otro planeta…Se que dicho de un modo tan resumido es bastante risible…
- Es la mejor broma que he oído en meses – interrumpió Charles.
- …pero te pido que lo analicemos nuevamente – dijo Jack.

Jack hablaba con la vehemencia acostumbrada cuando esbozaba una teoría. Había adelantado su cuerpo hacia Charles, con los brazos libres y listos para hacer gráficos y diagramas imaginarios. Charles, con los brazos cruzados y sentado cómodamente frente a él, lo observaba resignadamente pero sonreía porque sabía que era un gusto estar en tan buena compañía, aunque a veces tuviera que soportar estos exabruptos. Sabía que las cosas se iban a equilibrar cuando fuera motivado por el raciocinio de Jack y se vieran enfrascados en una deliciosa e infinita batalla por decidir quién tenía la razón.

- Dios es un ser superior, como tu y yo lo somos para, por ejemplo, una hormiga ¿verdad? – Dijo Jack, como si fuera un maestro universitario iniciando una ponencia.
- De acuerdo. – Convino Charles, hundiéndose más todavía en su sillón favorito de la mansión.
- Bien. Entonces, podemos afirmar que tu y yo somos Dios para esa hormiga ¿verdad?
- Espera. ¿Para cuál hormiga exactamente?
- Charles, ¡por favor! No empieces con eso.
- Discúlpame amigo mío, es la fuerza de la costumbre. Me he acostumbrado a tratar con gente demasiado obtusa en el mundo bancario y la mejor manera de ganar ventaja sobre ellos es sacándolos de sus casillas – la voz de Charles, si bien era cordial, tenía la entonación típica de una persona acostumbrada a tener la razón.
- Si, pero sabes que hacer eso conmigo es caer muy bajo – respondió desafiante Jack.
- En efecto. Así que considéralo una simple broma. La primera y la última.
- Entonces vuelvo a nuestra hormiga.
- Volvamos a nuestra hormiga.
- Podemos ser considerados Dios para ella
- Podemos.
- Entonces, si apareciera un ser superior a nosotros, este podría ser nuestro Dios y nosotros sus hormigas
- Entiendo el punto, no es necesario que continúes.
- Entonces ¿estás de acuerdo?

Charles cruzó una pierna y peinó su bigote con el dedo índice y pulgar. Observó a Jack por un instante y cerró los ojos.

- ¿Dónde están? – dijo, aún con los ojos cerrados.
- ¿Cómo? – dijo Jack.
- Si tu punto inicial fuera cierto, ¿dónde están estos seres? Nosotros estamos aquí bebiendo este café y las hormigas, para quienes nosotros somos Dios, están afuera en el jardín. Ellas y nosotros existimos y la desigualdad de nuestro poder se manifiesta por donde vamos.
- Estos seres no están, eso es un hecho. Pero estuvieron.
- ¿Estuvieron Jack? ¿Tienes alguna prueba de ello?
- Charles, recuerda que no tengo ninguna prueba – dijo Jack sonriente - Es por eso que lo que presento ante ti es una teoría.
- Y lo que vas a decir a continuación es lo más ridículo de tu teoría.
- Jesucristo no era de este planeta.
- Jack…
- Charles, apertura de mente, por favor. Míralo de este modo: Un ser superior, envía a un representante, a su “único hijo” a la Tierra para que conviva entre nosotros. Como su naturaleza es diferente, no tarda en hacerse notar hasta ser convertido en un líder político influyente entre los judíos, al punto de preocupar a un imperio que decide apagar ese fuego antes de que se convierta en un incendio imposible de manejar.
- Si Jack pero ¿por qué tendría que ser un ser de otro mundo? ¿No basta con asumir que era un… un ser humano – lo dijo como burlándose de la obviedad de su descripción – inteligente y dedicado para liderar a un pueblo?
- Basta y sobra Charles, pero está el tema de los milagros.
- ¡Los milagros! Estos son simplemente explicaciones tergiversadas y fanáticas de historiadores que buscaron lo más conveniente en su momento.
- Estos son – dijo Jack, alzando ligeramente la voz – obra de tecnología avanzada y no conocida por los seres humanos. Regreso a las hormigas: ¿Qué crees que piensan ellas (asumiendo que piensan) ante nuestras edificaciones, o incluso ante nuestras armas? ¿Qué crees que piensa un chimpancé de todo esto?

Jack sorbió sonoramente otro poco de café, celebrando su última intervención. Regresó a mirar el techo mientras Charles murmuraba para él mismo y sonreía moviendo la cabeza de vez en cuando, como desechando alguna respuesta que contradiga la hipótesis de Jack. Finalmente habló.

- Jack, nuestro chimpancé o nuestras hormigas efectivamente podrían considerarnos (si podemos asumir que estos animales pueden efectivamente considerar) superiores pero tu teoría transgrede toda lógica. ¿Acaso no somos la única raza inteligente en este planeta? Y aquí está lo más importante, Jackie. Somos “inteligentes” a diferencia de hormigas y chimpancés. ¿Dioses de qué seres somos exactamente si estos se guían solamente por instintos? Ten en cuenta que para que haya un Dios tiene que haber alguien inferior pero tus amigas hormigas y chimpancés son pésimos candidatos pues no son siquiera seres inteligentes.
- Charlie, considera que un ser muy superior a nosotros podría decir lo mismo de ti y de mí.
- Estás siendo absurdamente benevolente con las hormigas – dijo Charles rápidamente.
- Y hablo en tu defensa pues considera que nosotros somos las hormigas de estos Dioses que propongo – dijo Jack sonriente.

Ambos amigos rieron. Sabían que no llegarían a ponerse de acuerdo pero justamente eso era lo delicioso de estas charlas circulares y muchas veces inútiles entre ellos. La noche era oscura y silenciosa y la mansión Winfrey era arrullada por el sonido de las hojas de los árboles. El mar, no a muchos kilómetros, casi se dejaba sentir entre la brisa que otorgaba su particular frescura a Bournemouth. Entre tanta oscuridad, la luz de una chimenea encendida y los movimientos de sombras aletargadas delataban la reunión de Charles y Jack.

- Creo, por ejemplo, que las representaciones de asunciones de Jesucristo e incluso de la Virgen María son en realidad raptos de seres extraterrestres. Eso de que subieron en cuerpo y alma a los cielos indica claramente que fueron levantados de alguna manera por aviones extraterrestres.
- ¿Raptos Jack? ¿No crees que eso es dramático en exceso?
- Bueno, no raptos exactamente. Los contactados habrían accedido a abordar estas naves voluntariamente y ser transportados a quién sabe donde. Seguramente a un lugar muchísimo más avanzado que nuestro planeta en todos los ámbitos.
- Eso quiere decir que el Dios que conocemos y en el que cree todo hombre de bien es en realidad un extraterrestre que te invita a vivir en su planeta.
- Repito Charles, ¡apertura! Si lo dices de una manera tan plana cualquier cosa puede sonar absurda, tienes que reconocer que tienes ese don.
- ¿El de “absurdizar” teorías? Gracias amigo mío, es lo que mejor me sale – dijo Charles con una leve carcajada.
- Precisamente. Pero tienes que considerar que mi teoría presenta dudas razonables sobre Dios y sus orígenes. No hechos ni pruebas pero si dudas razonables.
- Antiguo y Nuevo Testamento a la basura gracias a las teorías del famoso novelista Jack Gregory.
- Gracias, pero sólo el Nuevo.
- ¡Vaya! ¡Se salvó la mitad de nuestra fe! Se necesitan explicaciones Jackie. Por favor.
- Bueno, uno se puede dar cuenta fácilmente de que el Dios del Antiguo Testamento tiene una personalidad bastante diferente a la del Nuevo Testamento. – Jack terminó su taza de café levantándola con fuerza y depositando la taza vacía en la mesita alta, se relamió los labios y continuó – El Dios del Antiguo Testamento es un Dios castigador, estricto e incluso violento, que no da alternativas de perdón a los pecadores. En cambio el Dios del Nuevo Testamento es mucho más conciliador y pacífico, al punto de prácticamente ofrecer en sacrificio a su hijo para que sea asesinado por la raza humana.
- ¿Estás hablando de dos Dioses entonces?
- En dos momentos de la historia, si. Imagínate a la raza humana siendo guiada inicialmente por este Dios dictador y estricto hasta que, sabe Dios que evento (valga la ironía de la frase) cambiamos de Dios a uno más amoroso y pacifista. Es este Dios quien ofrece llevarse a María a lo que conocemos como el reino de los cielos. ¿Qué opinas de esto Charles?

Charles había estado observando a Jack con ojos cansados y con una mueca en la cara que podría pasar por una sonrisa. Se inclinó ligeramente hacia adelante y susurró a Jack.

- Opino que ya tienes material suficiente para tu nueva novela, querido amigo. Y será un éxito como ya viene siendo costumbre.

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