3 de junio de 2011

Una vez más, volver a empezar (Autor: Rin8)

Camilo se encontró frente a aquella hoja blanca que lo ha desafiado durante años. Aún recuerda el día en que olvidó como luchar contra ella, llenándola de palabras y debilitando su vacío hasta subyugarla, derrotarla y asimilarla para convertirla en su aliada. Lo había logrado tantas veces que sentía que su eterna rival casi aceptaba pasivamente su derrota; mostrándose fiera y agresiva al inicio pero recibiendo con la miraba gacha y casi con placer las palabras que la invadían y la convertían en una historia.


Y sin embargo, había pasado mucho tiempo desde que Camilo había logrado vencerla. Tal vez haya sido su propio derrotismo o el ambiente negativo del que se había rodeado voluntariamente lo que impedían incluso empezar a librar una batalla. Muchas veces, Camilo se había quedado contemplando aquella hoja blanca pensando en cómo empezar a escribir. Había puesto algunas palabras flojas que al ser releídas no le generaron nada. Palabras tachadas y hoja abandonada que celebraba su blanca victoria. Camilo había llegado a pensar que aquello que pensó como un talento innato que lo consagraría en el mundo talvez simplemente haya sido una fiebre de sus años adolescentes.

Y sin embargo hoy, sin pensar en mucho y luego de haberse recluido primero a su trabajo de apilador de cajas (una sobre otra, tarea que estaba empezando a dominar y a convertir en casi un arte) y luego a libros y cuentos que no eran los suyos, Camilo se vio a si mismo escribiendo palabras con sentido y vigor sobre su eterna enemiga blanca. Levantó su hoja llena de palabras, releyó lo escrito y se sintió transportado al pasado, con una ola juvenil entrando por sus ojos y recorriendo su desgastado cuerpo, fortaleciendo sus huesos y renovando su piel, desapareciendo arrugas y sincerando su mirada. Al devolver la hoja al escritorio, su rostro y su cuerpo habían recuperado juventud. Sus lozanas expresiones y su sonrisa satisfecha evidenciaron su victoria.

- Te he vencido, vieja enemiga.

La hoja, llena de palabras recordaba con nostalgia la última vez que había escuchado decir eso a su enemigo de mentira, a aquel a quien enamoraba siempre que podía con su blancura simplemente para seducirlo a llenarla de sus trazos irregulares, a hacerla plena y feliz al sentirse manipulada por ese hombre que la miraba con cariño, casi con amor mientras creaba historias sobre ella. Se ruborizó un poco dentro de sí y respondió sin ser escuchada.

- Gracias, viejo amigo.

Camilo despertó sobresaltado. Su respiración era agitada. Sentía el olor de su cama y de la piyama de rayas que había prometido lavar pronto. Observó su techo blanco un momento mientras sus ojos se abrían por completo y se adaptaban a estar despiertos. Había estado soñando pero no podía recordar nada. Todos en su casa dormían. Sus dos hijas seguramente soñaban con sus días nuevos, llenos de color y aventuras infantiles. Diana le daba la espalda acurrucada en su posición favorita y durmiendo con medias, irreversible manía que Camilo no había logrado cambiar. A pesar de no recordar el sueño que lo había despertado, entendía perfectamente lo que tenía que hacer. Sabía que era su destino estar despierto en ese momento y podría jurar que era él mismo en su sueño quien se había despertado para hacer exactamente lo que estaba haciendo. Se puso de pie en silencio y con cuidado, metió los pies en sus pantuflas y se acercó al escritorio. Todo estaba claro en su mente; su motivo era evidente una vez que había tomado asiento. Por sus ojos desfilaban historias infinitas que casi se empujaban unas a otras para ser vistas, para ser elegidas. Entre tanta muchedumbre eligió la historia que emanaba más luz. Encendió una vela, sacó una hoja en blanco del cajón de abajo y empezó a escribir.

- “Una vez más, volver a empezar”

Por Rin8

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