Caídas y confusiones
“La casa de los espejos empieza a derrumbarse, el ego acumulado escapa rápidamente y deja sola a un alma joven, sin ningún lugar a donde ir… bienvenido a la realidad, espero encontrar muchos abrazos”
8:30am, casa de Zeta.
En primer lugar esto apesta, esa chica de la nube me dio un buen puñetazo, se nota que es un enemigo a quien tener en cuenta, ¡al fin algo de diversión! Claro que en esta guerra del amor nadie ha podido derrotar al gran Kun, héroe de cruzadas interminables pero rara vez criticables… ¡nos divertiremos mucho! Al menos yo sé que lo haré, jeje!… El sol aún no aparece y el ridículo despertador de Zeta todavía no le avisa que debe ir a su segundo día de universidad; por supuesto que no pienso ayudarle, los sueños son el único momento que tenemos los seres imaginarios para contar historias. ¿A qué hora nos acostamos?
Nadie debe saberlo pero Zeta no ha dormido muy bien; se quedó pensando en la chica de la nube; en cómo lo miró cuando se despidió… tiene miedo de que ella descubra el secreto; de que me descubra a mí… Además creo que le gustan ella y su madre; eso lo aterra. Deben saber un poco más de Zeta para poder entenderlo, así que… empezaré con mi exposición sobre la niñez del pequeño Zeta:
¡Vamos! Necesito trompetas estridentes, pica pica por los aires y luces de neón! Bien! A los cuatro años, en un ataque berrinchudo de épicas magnitudes, Zeta derramó la leche del desayuno sobre su perro, quien era en realidad un anciano hechicero que se había pasado años de incógnito para realizar investigaciones, las cuales no son relevantes en mi “exposición del drama”. Para mala suerte de Zeta, el anciano, al sentir la leche caliente quemando su pelaje y su orgullo, lo mordió, dejándolo hechizado para siempre y volviéndolo propenso a la magia…así que se podría decir que Zeta tiene una especie de “rabia mágica”.
Como primer síntoma de su enfermedad, a la semana siguiente, el ropero de su cuarto inició una campaña para quitarle la manía de patear muebles; se le unieron la peligrosa mesa de la cocina y un banquito con una actitud excesivamente terrorista… eso explica las “asperezas” de su niñez… y las astillas en sus manos. En la actualidad, Zeta cierra puertas y cajones como si estuviera desactivando bombas por temor a nuevos ataques. Por eso la mayor parte de su ropa permanece fuera de los cajones.
Más adelante, surgió una etapa de “negación Zetiana” en la cual el chico de ahora ocho años decidió atribuir todos los sucesos, incluidos los graznidos bajo su cama, a simple mala suerte…sin embargo, el daño estaba hecho y la pobre personalidad de Zeta ya había quedado marcada para siempre. Nuestro héroe creció tímido y asustadizo; resignándose a aceptar su destino. Nunca pudo tener una infancia normal por temor a ser perseguido por balas de cañón que aparecían de la nada o a gansos enfurecidos que lo embestían sin motivos aparentes. Solamente, al llegar a la adolescencia, pudo canalizar sus temores y, en un momento de excitación, consiguió crear a un ser capaz de encerrar toda su enfermedad mágica…¡O sea yo!. A partir de entonces, la vida de Zeta no ha tenido muchos sucesos extraños o absurdos, y además ha tenido la suerte de poder compartir su vida conmigo ¡vaya lujo!, que aparezco cuando el muy tonto no sabe qué hacer.
¡Ha llegado el momento de hablar de la ropa sucia de Zeta! Empezaré por decirles que una de sus medias derechas tiene un hueco hace años y el olor es… ¿qué? ¡No! ¡El despertador acaba de sonar! Kun se despide…¡Rayos! Y con ustedes……¡El gran Zeeeeeta!
- … ¿Kun? ¿Qué fue eso?
- (Ya no estoy aquí…¡adios!)
- ¿Qué?… ¡La universidad! ¡Se me hace tarde!
9:10 am, transporte público.
El transporte público puede ser muy asfixiante. Los pies de tanta gente, el olor del respirar, los rostros pintados de colores cubriéndolos como con máscaras; dentro de cada uno hay una historia…pero nadie habla. Muchas veces me he preguntado qué pasaría si todos empezaran a hablar solo por que sí...si todos contaran un pedacito de lo que están pensando, lo que les duele, lo que les preocupa, lo que ansían en este nuevo día. Las ganas ocultas de ayudar y no ser vistos; la bondad existente puesta de manifiesto con un pequeño y amable gruñido al ceder un asiento…Todo eso es realmente conmovedor si nos damos cuenta de que la gente buena nunca dejará de existir, aunque cada vez seamos más salvajes.
El gran edificio gris va apareciendo y se hace más grande, y con él mi más reciente temor: Selene. Es diferente; sus ojos parecieron ver a través de mí anoche y leer toda mi vida… y ver a Kun. (¡El portal entre los sueños y la realidad peligra, Zeta!) Será mejor no ser encontrado hoy por la chica de la nube… ¿Existe la posibilidad de que sea una adivina de verdad?
Tengo mi primera clase de contabilidad. Parece ser interesante. Un hombre de camisa impecable dibuja un gigantesco cuadro en la pizarra. Aunque no se ve muy estético, el cuadro propone un gran esfuerzo mental y absoluta concentración… la cual es rota cuando una chica de cabello negro azabache ingresa al salón de clase subida en una nube. El profesor no parece inmutarse con la tardanza y continúa absorto en la pizarra… se le ve algo cansado, sus ojeras significan horas de sueño perdido…gran dedicación. Selene acaba de sentarse a mi costado.
- Te esperé en el paradero para venir juntos – dijo ella.
- No me dijiste nada… y salí por la puerta de atrás de mi casa – mis manos sudorosas.
- Te dije “nos veremos”
- Eso no significa que nos veríamos hoy – mi voz sonaba baja y temblorosa. Evitaba mirarla a los ojos.
- También dije que vernos sería inevitable, ¿acaso no prestas atención? – Me quedó mirando fijamente. Segundos desesperantes y silenciosos siguieron a las palabras de Selene, mientras yo sentía como mis oídos se iban tapando y podía escuchar los latidos de mi corazón.
- No debes tenerme miedo, no le diré nada a nadie.
- ¿A qué te refieres?
- …
- …
La clase no pareció tan mala, aunque me quedaron serias dudas respecto al orden del cuadro gigantesco. El profesor insistió en que quedaríamos satisfechos en la próxima clase… sus pronunciadas ojeras me hicieron pensar si todos los contadores las tenían… parecía ser un rasgo particular de la especie. Por suerte, Selene no volvió a hablar… se le veía pensativa y muy fuera de lugar sentada en una nube sobre su carpeta. Definitivamente llamaba la atención de muchos alumnos. Para no tener que responder más preguntas de Selene, salí rápidamente del salón sin previo aviso y me metí en la primera puerta que encontré. Era un baño y parecía estar vacío. Siempre me ha gustado observar bien los lugares nuevos a los que voy, así que disfruté del silencio y de la estructura de ese baño por unos minutos, como si yo hubiera sido el arquitecto que lo diseñó. Sonreía por haber escapado de Selene y estar solo por un momento. Me lavé las manos y me miré en el espejo. Mi reflejo me quedó mirando, extrañado, por unos segundos. Al ver mi sonrisa, este también sonrió.
- ¿Qué vas a hacer ahora, Zeta? – Una voz pausada y agobiantemente conocida me llamó justo a la salida del baño. Nos encontrábamos en un pasillo lleno de casilleros casi hasta el techo en ambas paredes. Aún estaba vacío pues las clases seguían en curso. Solo estábamos Selene y yo.
- Eh…nada, tengo que esperar una hora para mi próxima clase, pero mejor voy a repasar ese cuadro que creo…
- ¿Por qué mejor no me acompañas?
- ¡No!...No, quiero decir, me gustaría pero…
- Como quieras – Selene se dio la vuelta – pero les diré a todos tu secreto.
- ¿De qué hablas? – mis manos nuevamente sudorosas (haz algo, idiota... si se llegaran a enterar…)
- Está claro Zeta. Me refiero a que tú tienes…
Sin motivo aparente, Selene dejó de hablar como detenida por una fuerza invisible. Entrecerró los ojos y empezó a buscar algo, mirando fijamente el final del pasillo. Silencio. Yo solo escuchaba mi respiración y el leve zumbido que hacía la nube de Selene para mantenerse flotando. A esa hora no debían deambular muchos alumnos por los corredores. Empecé a buscar imágenes que no conocía en un estúpido intento de escapar a lo que Selene tenía que decir. Finalmente, percibí algo. Si había un sonido, una vibración…como pequeños y ligeros pasos de algo que se acercaba silenciosamente hacia nosotros. No se veía a nadie, pero el sonido ya estaba muy cerca de nosotros… llegaría como caído del cielo, de un momento a otro.
Hola, ¡aquí Kun! ¡Presten atención, esta parte es divertida! Todo lo que vino después sucedió a gran velocidad y con el sonido de guitarras eléctricas tocando un soundtrack estridente pero muy adecuado:
- ¡Ahhhh! ¡Mi cara! – Algo emplumado me había caído (mejor dicho, había saltado) directamente hacia mi cara.
- ¡Aurelio! – Una voz chillona se oyó al final del pasillo, donde Selene había estado mirando - ¡No era necesario atacar!
- ¡Te dije que no lo trajeras! – una nueva voz discutía con la primera y ambas se acercaban; sonaban apuradas - ¡Se te tenía que escapar tarde o temprano!
Selene estaba petrificada por lo que veía; en realidad, cualquiera que hubiera visto lo que pasó no sabría como reaccionar. Un pato, un pato blanco había saltado desde el techo de los casilleros hacia…¡mi cara! haciéndome caer al suelo. Dos chicas que venían corriendo y acercándose a nosotros, gritaban de manera tan acelerada que se podría pensar que hablaban en un extraño idioma. Los graznidos del pato me recordaron levemente a un terror de la niñez.
- ¿Qué se supone que hace este animal aquí? – preguntó Selene, una vez que hubo recuperado el habla.
- ¡Nos está hablando, Geraldine! – Susurró la chica de voz chillona a su amiga – ¡la “nubecita” nos está hablando! – Ambas chicas se habían detenido bruscamente al ver a Selene.
- ¡Cállate! – respondió alarmadamente la otra - ¡No le respondas!
- …
- Pero Geraldine – dijo la chica a su amiga, luego de un momento de silencio en el que luchó por controlar sus nervios – ¡Ella está cerca de Aurelio, le puede hacer algo!
Geraldine meditó un momento, se quedó observando a Selene entrecerrando los ojos maliciosamente, hizo una seña a su amiga y ambas empezaron a acercarse lentamente.
- No te separes, Karim – dijo Geraldine a su amiga mientras se acercaban a Selene tomadas de la mano, innecesariamente pegadas a una fila de casilleros, como si pudieran caer a un abismo imaginario – yo hablaré con ella.
Selene las observó un momento, con la ceja derecha levantada y la mirada fija en Geraldine, que se le acercaba lentamente. Finalmente habló.
- ¿Qué crees que estás haciendo?
- Mira, no queremos problemas – dijo Geraldine y al momento extendió los brazos tratando de protegerse de un posible ataque – solo queremos al pato y…. ¡y nadie saldrá lastimado!
- Si, claro – dijo Selene conteniendo una carcajada y con una expresión que bien podría ser de preocupación, miedo o diversión – si, está ahí; sobre la cara de mi amigo.
- YA - LO - VIMOSSS – dijo Geraldine lentamente, como si hablara con alguien discapacitado, abriendo cada vez más los ojos y frunciendo el ceño, mientras se acercaba – LO - VOY - A - RECOGERRR.
- Adelante – dijo Selene, con la misma expresión extraña.
- ¡Ten cuidado, Geraldine! – gritó Karim, que poco a poco se había ido alejando.
Parecía ser que Geraldine y Karim estaban sumamente asustadas por la presencia de Selene. En realidad no era muy difícil pensar mal de una persona que va volando por todos lados sobre una nube y que además es muy pálida y tiene una mirada algo ruda. Sin embargo, la chica llamada Geraldine parecía estar decidida. Se acercó, haciendo caso omiso a los chillidos de su amiga, caminando firmemente hacia mi, el pato (que aún seguía posado en mi cara, sin intención de moverse) y Selene, como si fuera una condenada a muerte a punto de ser ejecutada. Cogió al pato Aurelio y cuando vio mi rostro abrió los ojos más que nunca.
- E - Eres…?
- Tranquila, no me ha pasado nada – dije mientras me levantaba del suelo, aún algo aturdido y con plumas en las cejas y orejas.
- P – Pero…..tu….
- ¡Geraldine, regresa aquí! – gritó Karim, que también se había armado de valor y se venía acercando – la “nubecita” te puede hacer….¡Dios mío! ¡Tu eres…..!
- ¡¡SHAIT!! – gritaron las dos amigas al mismo tiempo.
- ¿Quien?
- ¡Oh Shait, no tienes que fingir más! – gritó Karim y, al momento, me abrazó del cuello fuertemente, olvidando su temor hacia Selene – ¡al fin podremos estar juntos porque he venido a buscarte!
- ¡Porque HEMOS venido a buscarte! – gritó Geraldine algo resentida – Te recuerdo Karim, que si no fuera por mí, todavía estaríamos buscando a tu prometido en el quinto infierno.
- ¿Prometido? ¿De que están hablando? – dijo Selene.
- ¡TU NO TE METAS “NUBECITA”! – gritó Geraldine apuntando peligrosamente a Selene con un lapicero.
- Pero él no se llama Shait…. Se llama Zeta.
- ¡Por favor, Selene! No es necesario que aclares nada….¡YO ME LLAMO SHAIT, JEJE! A ver tu, baja ese lapicero y ven dame un gran beso….¿cómo podrías resistirte?….quiero decir…¡mírame! – Kun había aparecido emocionado al encontrarse entre dos chicas, tomó a Geraldine y la besó tan rápido que no la dejó reaccionar.
Repentinamente, el pato Aurelio se lanzó sobre la cabeza de Kun y fue suficiente para desactivar sus salvajes intenciones. El golpe fue tan fuerte que inmediatamente volví a ser Zeta mientras mis labios aún besaban los de Geraldine. Después de Aurelio recibí dos golpes más: Uno de Geraldine y otro de Karim; las dos cachetadas dejaron dos marcas de manos en mis mejillas.
- ¿CÓMO TE ATREVES, GERALDINE? ¡SABÍA QUE LO INTENTARÍAS POR ESO TRAJE A AURELIO! Y TU QUE NO QUERÍAS QUE LO TRAJERA ¿VERDAD? – Karim chillaba más agudo que nunca recriminando a su amiga que aún estaba algo aturdida por el beso de Kun.
- Espera, Karim, ¡Yo no he hecho nada! Shait se me abalanzó.
- ¿Qué? ¡Eso no es cierto! ¡Y no me llamo Shait!
- ¡ACABAS DE DECIR QUE ERES SHAIT! ¡EL PROMETIDO DE KARIM!
- ¿Prometido? ¡Yo no soy prometido de nadie!
- Hola, ¿qué están haciendo?
Una nueva figura había aparecido en el corredor. Desde la puerta del baño había aparecido la silueta de un joven que observaba la escena. Me sorprendí pues no recordaba haber visto a nadie en el baño mientras yo estuve dentro. Una sombra cubría al nuevo personaje; dio unos pasos y se dejó ver por todos. Abrí la boca para gritar, pero el sonido no me acompañó. Karim y Geraldine se quedaron pasmadas observando al chico; ambas mantenían sus manos alrededor de mi cuello pero parecían haberlo olvidado. Selene sonrió con fascinación mientras pasaba la mirada de mi rostro al del chico que acababa de aparecer.
- Disculpen que interrumpa pero lo que están haciendo se ve muy divertido… ¡Hola, Aurelio! – La voz del chico era gruesa y muy pausada, como si ser amable fuera su principal objetivo en la vida. Miraba la escena con ojos curiosos y una sonrisa divertida. Primero miró a Geraldine y Karim; luego Posó su mirada en mí y alzó las cejas - ¡Ah, es por eso! ¡Es una agradable coincidencia!
- Es un truco ¿verdad? – dijo Selene rompiendo el silencio que había seguido a las últimas palabras del chico – nadie puede hacer eso, a menos que seas su hermano.
- Soy hijo único – dijo el chico, sonriendo ampliamente a Selene quien se sonrojó un poco.
- …Y yo solo tengo un hermano, pero es mayor y esta de viaje – dije, monótonamente, a la vez que escudriñaba el rostro del chico.
- ¿Qué? Pero tu eres….y él es… - Karim se mostraba completamente aturdida por la reciente aparición del chico; balbuceaba y miraba a todas partes con los ojos completamente abiertos, como buscando unos lentes invisibles.
- Bueno, yo estoy tan confundido como tu, Zeta – me dijo el chico, mientras me miraba con la más sincera curiosidad.
- ¿Cómo sabes que me llamo Zeta?
- Tienes cara de llamarte así – y sonrió aún más.
- ¿Y tu como te llamas? – pregunté.
- Está claro – dijo Selene, anticipándose a la respuesta del chico mientras se elevaba en su nube para ser observada por todos – él es Shait, el prometido de esta chiflada – señaló a Karim.
- Y además es idéntico a ti en cada detalle – dijo Geraldine.
Hubo un momento de silencio en el que todos pensaron que en el mundo existía un “gemelo diabólico” para cada uno de nosotros; y que yo acababa de encontrar al mío. Las miradas, incluida la del pato Aurelio, iban de Shait hasta mí, analizando cada aspecto de ambos y sorprendiéndose cada vez más ante la perfecta similitud existente (sólo logramos identificar dos diferencias: Shait era ligeramente más alto que yo y tenía el cabello castaño, mientras yo lo tenía negro). El silencio se rompió cuando varios alumnos empezaron a salir de los distintos salones del corredor, preocupados por sus propias vidas e ignorando por completo nuestra peculiar escena.
- ¿Shait? ¿eres tú? – dijo Karim, que había dejado de abrazarme, se había puesto de pie y estaba mirando fijamente al muchacho. Este sólo sonrió como toda respuesta.
- Te hemos estado buscando por todas partes, Shait – intervino Geraldine – el padre de Karim ha accedido a mantener la promesa de la boda siempre y cuando regreses a casa con ella; está dispuesto también a olvidar todo tipo de diferencias para que te cases con su hija y…
Shait se había llevado un dedo a la boca pidiendo silencio y se quedó observando a Geraldine, quien había callado inmediatamente pero que parecía haber ensayado las disposiciones del padre de Karim al pie de la letra y se veía muy dispuesta a recitarlas por completo. Luego miró a Karim dulcemente, mientras ella lo observaba implorante, con ojos cristalinos. Finalmente, Shait acarició la cabeza de esta con su mano izquierda y ella tembló un poco. El pato Aurelio graznó y Shait nos miró a todos.
- No tengo nada que hacer más tarde, ¿qué les parece si vamos juntos a la cafetería a tomar algo? – dijo, sonriendo ampliamente y haciendo sonrojar a Selene, Karim y Geraldine.
“La casa de los espejos empieza a derrumbarse, el ego acumulado escapa rápidamente y deja sola a un alma joven, sin ningún lugar a donde ir… bienvenido a la realidad, espero encontrar muchos abrazos”
8:30am, casa de Zeta.
En primer lugar esto apesta, esa chica de la nube me dio un buen puñetazo, se nota que es un enemigo a quien tener en cuenta, ¡al fin algo de diversión! Claro que en esta guerra del amor nadie ha podido derrotar al gran Kun, héroe de cruzadas interminables pero rara vez criticables… ¡nos divertiremos mucho! Al menos yo sé que lo haré, jeje!… El sol aún no aparece y el ridículo despertador de Zeta todavía no le avisa que debe ir a su segundo día de universidad; por supuesto que no pienso ayudarle, los sueños son el único momento que tenemos los seres imaginarios para contar historias. ¿A qué hora nos acostamos?
Nadie debe saberlo pero Zeta no ha dormido muy bien; se quedó pensando en la chica de la nube; en cómo lo miró cuando se despidió… tiene miedo de que ella descubra el secreto; de que me descubra a mí… Además creo que le gustan ella y su madre; eso lo aterra. Deben saber un poco más de Zeta para poder entenderlo, así que… empezaré con mi exposición sobre la niñez del pequeño Zeta:
¡Vamos! Necesito trompetas estridentes, pica pica por los aires y luces de neón! Bien! A los cuatro años, en un ataque berrinchudo de épicas magnitudes, Zeta derramó la leche del desayuno sobre su perro, quien era en realidad un anciano hechicero que se había pasado años de incógnito para realizar investigaciones, las cuales no son relevantes en mi “exposición del drama”. Para mala suerte de Zeta, el anciano, al sentir la leche caliente quemando su pelaje y su orgullo, lo mordió, dejándolo hechizado para siempre y volviéndolo propenso a la magia…así que se podría decir que Zeta tiene una especie de “rabia mágica”.
Como primer síntoma de su enfermedad, a la semana siguiente, el ropero de su cuarto inició una campaña para quitarle la manía de patear muebles; se le unieron la peligrosa mesa de la cocina y un banquito con una actitud excesivamente terrorista… eso explica las “asperezas” de su niñez… y las astillas en sus manos. En la actualidad, Zeta cierra puertas y cajones como si estuviera desactivando bombas por temor a nuevos ataques. Por eso la mayor parte de su ropa permanece fuera de los cajones.
Más adelante, surgió una etapa de “negación Zetiana” en la cual el chico de ahora ocho años decidió atribuir todos los sucesos, incluidos los graznidos bajo su cama, a simple mala suerte…sin embargo, el daño estaba hecho y la pobre personalidad de Zeta ya había quedado marcada para siempre. Nuestro héroe creció tímido y asustadizo; resignándose a aceptar su destino. Nunca pudo tener una infancia normal por temor a ser perseguido por balas de cañón que aparecían de la nada o a gansos enfurecidos que lo embestían sin motivos aparentes. Solamente, al llegar a la adolescencia, pudo canalizar sus temores y, en un momento de excitación, consiguió crear a un ser capaz de encerrar toda su enfermedad mágica…¡O sea yo!. A partir de entonces, la vida de Zeta no ha tenido muchos sucesos extraños o absurdos, y además ha tenido la suerte de poder compartir su vida conmigo ¡vaya lujo!, que aparezco cuando el muy tonto no sabe qué hacer.
¡Ha llegado el momento de hablar de la ropa sucia de Zeta! Empezaré por decirles que una de sus medias derechas tiene un hueco hace años y el olor es… ¿qué? ¡No! ¡El despertador acaba de sonar! Kun se despide…¡Rayos! Y con ustedes……¡El gran Zeeeeeta!
- … ¿Kun? ¿Qué fue eso?
- (Ya no estoy aquí…¡adios!)
- ¿Qué?… ¡La universidad! ¡Se me hace tarde!
9:10 am, transporte público.
El transporte público puede ser muy asfixiante. Los pies de tanta gente, el olor del respirar, los rostros pintados de colores cubriéndolos como con máscaras; dentro de cada uno hay una historia…pero nadie habla. Muchas veces me he preguntado qué pasaría si todos empezaran a hablar solo por que sí...si todos contaran un pedacito de lo que están pensando, lo que les duele, lo que les preocupa, lo que ansían en este nuevo día. Las ganas ocultas de ayudar y no ser vistos; la bondad existente puesta de manifiesto con un pequeño y amable gruñido al ceder un asiento…Todo eso es realmente conmovedor si nos damos cuenta de que la gente buena nunca dejará de existir, aunque cada vez seamos más salvajes.
El gran edificio gris va apareciendo y se hace más grande, y con él mi más reciente temor: Selene. Es diferente; sus ojos parecieron ver a través de mí anoche y leer toda mi vida… y ver a Kun. (¡El portal entre los sueños y la realidad peligra, Zeta!) Será mejor no ser encontrado hoy por la chica de la nube… ¿Existe la posibilidad de que sea una adivina de verdad?
Tengo mi primera clase de contabilidad. Parece ser interesante. Un hombre de camisa impecable dibuja un gigantesco cuadro en la pizarra. Aunque no se ve muy estético, el cuadro propone un gran esfuerzo mental y absoluta concentración… la cual es rota cuando una chica de cabello negro azabache ingresa al salón de clase subida en una nube. El profesor no parece inmutarse con la tardanza y continúa absorto en la pizarra… se le ve algo cansado, sus ojeras significan horas de sueño perdido…gran dedicación. Selene acaba de sentarse a mi costado.
- Te esperé en el paradero para venir juntos – dijo ella.
- No me dijiste nada… y salí por la puerta de atrás de mi casa – mis manos sudorosas.
- Te dije “nos veremos”
- Eso no significa que nos veríamos hoy – mi voz sonaba baja y temblorosa. Evitaba mirarla a los ojos.
- También dije que vernos sería inevitable, ¿acaso no prestas atención? – Me quedó mirando fijamente. Segundos desesperantes y silenciosos siguieron a las palabras de Selene, mientras yo sentía como mis oídos se iban tapando y podía escuchar los latidos de mi corazón.
- No debes tenerme miedo, no le diré nada a nadie.
- ¿A qué te refieres?
- …
- …
La clase no pareció tan mala, aunque me quedaron serias dudas respecto al orden del cuadro gigantesco. El profesor insistió en que quedaríamos satisfechos en la próxima clase… sus pronunciadas ojeras me hicieron pensar si todos los contadores las tenían… parecía ser un rasgo particular de la especie. Por suerte, Selene no volvió a hablar… se le veía pensativa y muy fuera de lugar sentada en una nube sobre su carpeta. Definitivamente llamaba la atención de muchos alumnos. Para no tener que responder más preguntas de Selene, salí rápidamente del salón sin previo aviso y me metí en la primera puerta que encontré. Era un baño y parecía estar vacío. Siempre me ha gustado observar bien los lugares nuevos a los que voy, así que disfruté del silencio y de la estructura de ese baño por unos minutos, como si yo hubiera sido el arquitecto que lo diseñó. Sonreía por haber escapado de Selene y estar solo por un momento. Me lavé las manos y me miré en el espejo. Mi reflejo me quedó mirando, extrañado, por unos segundos. Al ver mi sonrisa, este también sonrió.
- ¿Qué vas a hacer ahora, Zeta? – Una voz pausada y agobiantemente conocida me llamó justo a la salida del baño. Nos encontrábamos en un pasillo lleno de casilleros casi hasta el techo en ambas paredes. Aún estaba vacío pues las clases seguían en curso. Solo estábamos Selene y yo.
- Eh…nada, tengo que esperar una hora para mi próxima clase, pero mejor voy a repasar ese cuadro que creo…
- ¿Por qué mejor no me acompañas?
- ¡No!...No, quiero decir, me gustaría pero…
- Como quieras – Selene se dio la vuelta – pero les diré a todos tu secreto.
- ¿De qué hablas? – mis manos nuevamente sudorosas (haz algo, idiota... si se llegaran a enterar…)
- Está claro Zeta. Me refiero a que tú tienes…
Sin motivo aparente, Selene dejó de hablar como detenida por una fuerza invisible. Entrecerró los ojos y empezó a buscar algo, mirando fijamente el final del pasillo. Silencio. Yo solo escuchaba mi respiración y el leve zumbido que hacía la nube de Selene para mantenerse flotando. A esa hora no debían deambular muchos alumnos por los corredores. Empecé a buscar imágenes que no conocía en un estúpido intento de escapar a lo que Selene tenía que decir. Finalmente, percibí algo. Si había un sonido, una vibración…como pequeños y ligeros pasos de algo que se acercaba silenciosamente hacia nosotros. No se veía a nadie, pero el sonido ya estaba muy cerca de nosotros… llegaría como caído del cielo, de un momento a otro.
Hola, ¡aquí Kun! ¡Presten atención, esta parte es divertida! Todo lo que vino después sucedió a gran velocidad y con el sonido de guitarras eléctricas tocando un soundtrack estridente pero muy adecuado:
- ¡Ahhhh! ¡Mi cara! – Algo emplumado me había caído (mejor dicho, había saltado) directamente hacia mi cara.
- ¡Aurelio! – Una voz chillona se oyó al final del pasillo, donde Selene había estado mirando - ¡No era necesario atacar!
- ¡Te dije que no lo trajeras! – una nueva voz discutía con la primera y ambas se acercaban; sonaban apuradas - ¡Se te tenía que escapar tarde o temprano!
Selene estaba petrificada por lo que veía; en realidad, cualquiera que hubiera visto lo que pasó no sabría como reaccionar. Un pato, un pato blanco había saltado desde el techo de los casilleros hacia…¡mi cara! haciéndome caer al suelo. Dos chicas que venían corriendo y acercándose a nosotros, gritaban de manera tan acelerada que se podría pensar que hablaban en un extraño idioma. Los graznidos del pato me recordaron levemente a un terror de la niñez.
- ¿Qué se supone que hace este animal aquí? – preguntó Selene, una vez que hubo recuperado el habla.
- ¡Nos está hablando, Geraldine! – Susurró la chica de voz chillona a su amiga – ¡la “nubecita” nos está hablando! – Ambas chicas se habían detenido bruscamente al ver a Selene.
- ¡Cállate! – respondió alarmadamente la otra - ¡No le respondas!
- …
- Pero Geraldine – dijo la chica a su amiga, luego de un momento de silencio en el que luchó por controlar sus nervios – ¡Ella está cerca de Aurelio, le puede hacer algo!
Geraldine meditó un momento, se quedó observando a Selene entrecerrando los ojos maliciosamente, hizo una seña a su amiga y ambas empezaron a acercarse lentamente.
- No te separes, Karim – dijo Geraldine a su amiga mientras se acercaban a Selene tomadas de la mano, innecesariamente pegadas a una fila de casilleros, como si pudieran caer a un abismo imaginario – yo hablaré con ella.
Selene las observó un momento, con la ceja derecha levantada y la mirada fija en Geraldine, que se le acercaba lentamente. Finalmente habló.
- ¿Qué crees que estás haciendo?
- Mira, no queremos problemas – dijo Geraldine y al momento extendió los brazos tratando de protegerse de un posible ataque – solo queremos al pato y…. ¡y nadie saldrá lastimado!
- Si, claro – dijo Selene conteniendo una carcajada y con una expresión que bien podría ser de preocupación, miedo o diversión – si, está ahí; sobre la cara de mi amigo.
- YA - LO - VIMOSSS – dijo Geraldine lentamente, como si hablara con alguien discapacitado, abriendo cada vez más los ojos y frunciendo el ceño, mientras se acercaba – LO - VOY - A - RECOGERRR.
- Adelante – dijo Selene, con la misma expresión extraña.
- ¡Ten cuidado, Geraldine! – gritó Karim, que poco a poco se había ido alejando.
Parecía ser que Geraldine y Karim estaban sumamente asustadas por la presencia de Selene. En realidad no era muy difícil pensar mal de una persona que va volando por todos lados sobre una nube y que además es muy pálida y tiene una mirada algo ruda. Sin embargo, la chica llamada Geraldine parecía estar decidida. Se acercó, haciendo caso omiso a los chillidos de su amiga, caminando firmemente hacia mi, el pato (que aún seguía posado en mi cara, sin intención de moverse) y Selene, como si fuera una condenada a muerte a punto de ser ejecutada. Cogió al pato Aurelio y cuando vio mi rostro abrió los ojos más que nunca.
- E - Eres…?
- Tranquila, no me ha pasado nada – dije mientras me levantaba del suelo, aún algo aturdido y con plumas en las cejas y orejas.
- P – Pero…..tu….
- ¡Geraldine, regresa aquí! – gritó Karim, que también se había armado de valor y se venía acercando – la “nubecita” te puede hacer….¡Dios mío! ¡Tu eres…..!
- ¡¡SHAIT!! – gritaron las dos amigas al mismo tiempo.
- ¿Quien?
- ¡Oh Shait, no tienes que fingir más! – gritó Karim y, al momento, me abrazó del cuello fuertemente, olvidando su temor hacia Selene – ¡al fin podremos estar juntos porque he venido a buscarte!
- ¡Porque HEMOS venido a buscarte! – gritó Geraldine algo resentida – Te recuerdo Karim, que si no fuera por mí, todavía estaríamos buscando a tu prometido en el quinto infierno.
- ¿Prometido? ¿De que están hablando? – dijo Selene.
- ¡TU NO TE METAS “NUBECITA”! – gritó Geraldine apuntando peligrosamente a Selene con un lapicero.
- Pero él no se llama Shait…. Se llama Zeta.
- ¡Por favor, Selene! No es necesario que aclares nada….¡YO ME LLAMO SHAIT, JEJE! A ver tu, baja ese lapicero y ven dame un gran beso….¿cómo podrías resistirte?….quiero decir…¡mírame! – Kun había aparecido emocionado al encontrarse entre dos chicas, tomó a Geraldine y la besó tan rápido que no la dejó reaccionar.
Repentinamente, el pato Aurelio se lanzó sobre la cabeza de Kun y fue suficiente para desactivar sus salvajes intenciones. El golpe fue tan fuerte que inmediatamente volví a ser Zeta mientras mis labios aún besaban los de Geraldine. Después de Aurelio recibí dos golpes más: Uno de Geraldine y otro de Karim; las dos cachetadas dejaron dos marcas de manos en mis mejillas.
- ¿CÓMO TE ATREVES, GERALDINE? ¡SABÍA QUE LO INTENTARÍAS POR ESO TRAJE A AURELIO! Y TU QUE NO QUERÍAS QUE LO TRAJERA ¿VERDAD? – Karim chillaba más agudo que nunca recriminando a su amiga que aún estaba algo aturdida por el beso de Kun.
- Espera, Karim, ¡Yo no he hecho nada! Shait se me abalanzó.
- ¿Qué? ¡Eso no es cierto! ¡Y no me llamo Shait!
- ¡ACABAS DE DECIR QUE ERES SHAIT! ¡EL PROMETIDO DE KARIM!
- ¿Prometido? ¡Yo no soy prometido de nadie!
- Hola, ¿qué están haciendo?
Una nueva figura había aparecido en el corredor. Desde la puerta del baño había aparecido la silueta de un joven que observaba la escena. Me sorprendí pues no recordaba haber visto a nadie en el baño mientras yo estuve dentro. Una sombra cubría al nuevo personaje; dio unos pasos y se dejó ver por todos. Abrí la boca para gritar, pero el sonido no me acompañó. Karim y Geraldine se quedaron pasmadas observando al chico; ambas mantenían sus manos alrededor de mi cuello pero parecían haberlo olvidado. Selene sonrió con fascinación mientras pasaba la mirada de mi rostro al del chico que acababa de aparecer.
- Disculpen que interrumpa pero lo que están haciendo se ve muy divertido… ¡Hola, Aurelio! – La voz del chico era gruesa y muy pausada, como si ser amable fuera su principal objetivo en la vida. Miraba la escena con ojos curiosos y una sonrisa divertida. Primero miró a Geraldine y Karim; luego Posó su mirada en mí y alzó las cejas - ¡Ah, es por eso! ¡Es una agradable coincidencia!
- Es un truco ¿verdad? – dijo Selene rompiendo el silencio que había seguido a las últimas palabras del chico – nadie puede hacer eso, a menos que seas su hermano.
- Soy hijo único – dijo el chico, sonriendo ampliamente a Selene quien se sonrojó un poco.
- …Y yo solo tengo un hermano, pero es mayor y esta de viaje – dije, monótonamente, a la vez que escudriñaba el rostro del chico.
- ¿Qué? Pero tu eres….y él es… - Karim se mostraba completamente aturdida por la reciente aparición del chico; balbuceaba y miraba a todas partes con los ojos completamente abiertos, como buscando unos lentes invisibles.
- Bueno, yo estoy tan confundido como tu, Zeta – me dijo el chico, mientras me miraba con la más sincera curiosidad.
- ¿Cómo sabes que me llamo Zeta?
- Tienes cara de llamarte así – y sonrió aún más.
- ¿Y tu como te llamas? – pregunté.
- Está claro – dijo Selene, anticipándose a la respuesta del chico mientras se elevaba en su nube para ser observada por todos – él es Shait, el prometido de esta chiflada – señaló a Karim.
- Y además es idéntico a ti en cada detalle – dijo Geraldine.
Hubo un momento de silencio en el que todos pensaron que en el mundo existía un “gemelo diabólico” para cada uno de nosotros; y que yo acababa de encontrar al mío. Las miradas, incluida la del pato Aurelio, iban de Shait hasta mí, analizando cada aspecto de ambos y sorprendiéndose cada vez más ante la perfecta similitud existente (sólo logramos identificar dos diferencias: Shait era ligeramente más alto que yo y tenía el cabello castaño, mientras yo lo tenía negro). El silencio se rompió cuando varios alumnos empezaron a salir de los distintos salones del corredor, preocupados por sus propias vidas e ignorando por completo nuestra peculiar escena.
- ¿Shait? ¿eres tú? – dijo Karim, que había dejado de abrazarme, se había puesto de pie y estaba mirando fijamente al muchacho. Este sólo sonrió como toda respuesta.
- Te hemos estado buscando por todas partes, Shait – intervino Geraldine – el padre de Karim ha accedido a mantener la promesa de la boda siempre y cuando regreses a casa con ella; está dispuesto también a olvidar todo tipo de diferencias para que te cases con su hija y…
Shait se había llevado un dedo a la boca pidiendo silencio y se quedó observando a Geraldine, quien había callado inmediatamente pero que parecía haber ensayado las disposiciones del padre de Karim al pie de la letra y se veía muy dispuesta a recitarlas por completo. Luego miró a Karim dulcemente, mientras ella lo observaba implorante, con ojos cristalinos. Finalmente, Shait acarició la cabeza de esta con su mano izquierda y ella tembló un poco. El pato Aurelio graznó y Shait nos miró a todos.
- No tengo nada que hacer más tarde, ¿qué les parece si vamos juntos a la cafetería a tomar algo? – dijo, sonriendo ampliamente y haciendo sonrojar a Selene, Karim y Geraldine.
2 comentarios:
Me volvió a gustar!
Cuando un café para seguir debatiendo del tema ;)?
Gracias! el café siempre es bien recibido, siempre y cuando tenga chocolate y tu pagues lol
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