Realidades Ocultas
“Ya no me importa nada. La gente puede ser cruel, el dinero se puede acabar y mi padre se puede volver loco… solo quiero que estén a mi lado y que nunca se vayan…mis amigos”
Mi nombre es Zeta, la universidad acaba de empezar y para ser franco, creo que no escogí bien la carrera que iba a seguir, estaba tan indeciso que dejé que mi abuelo la escogiera por mí. Al fin y al cabo, la contabilidad no puede ser tan mala, ¿o sí?
- No te preocupes, abuelo, yo sé que en donde sea voy a sobresalir; puedo ser hasta panadero y sería el mejor panadero… yo sé que tengo ese algo especial que se necesita para triunfar…
Ahora todo eso me parece pura pavada. Un buen mordisco de ironía con mantequilla camino al paradero es lo mejor para empezar la mañana, migajas en la comisura de la boca. Mi abuelo no tiene el suficiente dinero para pagar una universidad como esta, ha realizado muchos esfuerzos y quien sabe cuántos préstamos ha pedido; por eso yo tengo que demostrar lo que prometí el día que me dijo que me iba a matricular aquí.
- Si puedes pagar esta universidad, yo puedo mantener la beca todos los semestres; te lo prometo, no por algo fui uno de los primeros en el colegio.
Me gustaría poder dejar de hablar de más cuando estoy emocionado, nunca digo lo que debería y quisiera que todos pudieran olvidar aquellas palabras. Una mañana con sol naranja me da la bienvenida mientras la combi me lleva al primer día de mi nuevo comienzo. En ella hay mucha gente como yo, con traumas, problemas de la vida diaria que parecen inmensos pero que, en realidad, no suenan tan mal al escuchar la desgracia de otros. Yo, por ejemplo, tengo doble personalidad y eso a veces ha resultado ser muy beneficioso… mi otro yo no parece temerle a nada y no se preocupa por sentimientos idiotas que a mi no me dejan actuar… intento ponerle un nombre, pero cada vez que lo hago y lo releo…simplemente no suena bien. He decidido que por ahora se llame Kun.
- ¡Hola, soy Kun! No hagan caso a este relato, en realidad él no sabe apreciar lo bueno de la vida… como aquella vez que tuve que ser yo el que exploró en las piernas de la enamorada de su hermano porque él solito no podía… ¡ouch, mi cabeza!
- ¡Deja de contar eso, Kun! ¡Te lo advierto!
- ¿O sino que? ¿Quieres pelear, verdad? ¡Saca tu espada!
- Tú no tienes espada Kun…
José Francisco es mi hermano mayor. Su ex enamorada, Marieta fue una de las víctimas de Kun en su intento de establecer “relaciones sociales”. Ella terminó con mi hermano para estar conmigo… bueno con Kun. Evidentemente no resultó porque él nunca aparece cuando lo presionan y Marieta no quería estar con un niño que solo da besos en la boca.
En realidad no recuerdo la primera vez que sentí que Kun existía, creo que fue el día de mi fiesta de promoción de primaria…
- Cierra los ojos – dijo Yasmín.
- Espera, Yasmín, yo soy la pareja de Andrea…
- Pero ella no está aquí ¿o sí?
Se acercó a mí y me dio mi primer beso. Su lengua de 13 años recorrió mi boca de 11 con bastante presteza y de inmediato sentí una explosión interna que recorría todo mi cuerpo y se expandía; Kun estaba naciendo y su primera manifestación fue regresar el mejor beso que hemos dado nunca… Yasmín me soltó sin aliento y salió llorando del vestíbulo.
La combi ha llegado a su destino. Una gigantesca edificación de color gris aparece como mi nueva oportunidad. La oportunidad de demostrarle al mundo y a mi abuelo que puedo hacer cosas importantes que valgan la pena, cosas en las que solo yo pueda sobresalir…¡Qué importa si se llama contabilidad o robótica o como sea! Esta es mi única oportunidad de hacerlo…sin Kun (Eso es lo que TU crees… ¡malagradecido!)
- Disculpa, ¿sabes a donde hay que ir ahora? – una voz apagada sonó detrás de mi cabeza, los ojos adormecidos de una chica con cabello negro azabache esperaban una respuesta.
- ¿Eh? No, también soy cachimbo.
- Oh, bueno…nos vemos.
- ¡Espera! Quiero decir… ¿qué te parece si buscamos juntos?
- Si, supongo que está bien.
Nunca sé que decir, creo que no fue una buena idea pedirle que caminemos juntos…
- ¿Y a que carrera vas? – preguntó ella, siempre con voz apagada.
- Contabilidad, ¿y tu?
- Finanzas… pero es la misma facultad así que será igual… no hay remedio.
- ¿Eh? ¿Qué quieres decir?
- Me refiero a que ambas carreras llevan casi los mismos cursos, será inevitable vernos.
- ¿Inevitable? Pero eso está bien ¿no?
- Si tú lo dices…
- Oye, ¿por qué andas sobre una nube?
- Ese no es asunto tuyo… me tengo que ir.
- Eh, si ¿Nos vemos luego, verdad?
- Ya te dije que será inevitable.
- Oh, si… ¿Cuál es tu nombre entonces?
- Selene… y tú eres Zeta, adiós.
Se alejó flotando sobre esa nube blanca sobre la cual iba sentada y que me causó curiosidad desde el principio, pero no pregunté nada más por cortesía. Estaba decidido a hacer buenos amigos y el encuentro con Selene no había sido un buen comienzo… recordé a Kun y la manera en que hubiese actuado, sin sentir que sus manos sudaban mientras hablaba. ¿Cómo Selene supo mi nombre? ella no podía ser una adivina; las adivinas son diferentes, muy habladoras y escandalosas… mi cuaderno tenía el nombre en la portada, podría haberlo visto…aunque las letras eran muy pequeñas y no noté que ella se hubiera detenido a leer la etiqueta…
1:50pm, casa de Zeta.
- ¡Ya llegué! ¿Dónde estás papá?
- ¡Cierra la puerta, Zeta! ¡Y ven rápido!
- ¿Dónde estás?
- En tu cuarto…¡rápido, hijo!
- ¿Qué pasa?
- Hace tres horas llegó ese camión de mudanzas, asómate a la ventana.
- ¿Qué hay con eso?
- ¿Cómo que qué hay con eso Ze? ¡Vamos a tener vecinos!
- ¿No te parece que estás siendo un poco infantil?
- No, para nada… un buen vecino es la clave para las relaciones sociales y el éxito en la vida - lo dijo con la profundidad de un poeta.
- ¿Qué?… ¿De dónde sacaste estos…?
- Los encontré mientras limpiaba, ¡aquí hay unos para ti! – me enseña un par de binoculares.
- No necesito espiar las vidas de otras personas, gracias - lanzo los binoculares. - ¿Hay comida?
- ¿Comida? Estee… con toda la emoción de la mudanza, jeje. Creo que quedan algunos tallarines de ayer en la refri ¡Sabía que algo se me olvidaba!
- ¡Ni siquiera eres tú el que se está mudando papá!
- Si, bueno… no te preocupes Zeta, no te fallaré. Come ahora los tallarines y para compensarte, en la noche, pediremos algo por teléfono, lo que tú quieras ¿qué tal?
- ¿Y cómo lo pagarás?
- Bueno yo, jeje, esperaba que me pudieras prestar algo de dinero ¿sabes? Solo será hasta mañana.
- ¡Pero papá, ese dinero es para mi computadora!
- Si, yo sé, yo sé… pero te prometo que mañana te lo devolveré, ha habido una demora con el cheque de José Francisco… me aseguró que depositaba mañana en el banco.
- No puedes confiar solo en José Francisco, algún día dejará de mandar esos cheques… y quien sabe qué le podría pasar a mi abuelo - dije esto último en voz muy baja, con la esperanza de que nunca le pase nada. Luego dejé algunos billetes arrugados en la mesa de la cocina.
No puedo culpar a mi padre. Ha pasado por cosas muy difíciles. Lo peor fue lo de mi mamá, que desapareció un día que salió a comprar al mercado… “¡Ya volverá!” recuerdo que decía mi padre “ha dejado sus pantuflas, ¡esa mujer no puede vivir sin sus pantuflas!” Pero de eso ya casi tres años. Luego mi hermano viajó a Italia para trabajar y nos quedamos sólo los dos. Tenemos suerte de que su padre, mi abuelo, me haya ofrecido pagar esa universidad que es tan cara. De todas maneras, la repentina soledad ha despertado en mi padre cierto instinto infantil y según el doctor lo mejor es tratarlo con cuidado y no dejar que se emocione mucho. Yo voy a la universidad y él escribe de vez en cuando historias para una revista de ciencia-ficción que nadie lee, aunque a mí me parecen muy divertidas.
8:55pm, casa de Zeta.
Nunca tengo ganas de ordenar mi cuarto, considero que el desorden es la posición de las cosas en el preciso lugar en que deben estar en el momento que se las necesita. Aunque un cortaúñas en el suelo no es su mejor lugar considerando que lo pisé y se incrustó en mi pie, las cosas funcionan bien la mayor parte del tiempo. Escuchar música en la cama puede adormecer mucho, en especial habiendo tenido el primer día de universidad…
- ¡Zeta, la cena ya llegó!
- …
- ¡Zeta!
- …
- ¡Perfecto! ¡Entonces le echaré limón a tu pizza!
- ¡Ya voy! ¡Ya voy!
(Zeta baja las escaleras soñoliento, sobándose un ojo)
- ¿Y que tal el primer día? Parece que agotador, te quedaste dormido.
- Estuvo bien, supongo
- ¿Conociste a alguien?
- Si, a algunas personas.
- Lógico hijo, no ibas a conocer caballos ¿no?
- …
- ¿Y cuántas clases tuviste hoy?
- Tres, todas de letras…¡estuvieron muy bien!
- ¿Nada de contabilidad todavía?
- Aún no… Papá, ¿porqué el abuelo escogió contabilidad para mí?
- (Mi padre meditó un momento, con los ojos cerrados) No pienses en eso Zeta, lo harás bien. Mira, el chico de la pizza me puso queso extra y no me lo cobró
- ¿Estás seguro de que no te lo cobró?
- ¡Claro! Él sólo se quedó hablando de algo que no comprendí, pero estoy seguro de que no se refería al queso…además no volvió a tocar cuando le cerré la puerta.
- ¿Le cerraste la puerta?
- Sip. Hay que cerrar fuerte esa puerta hijo, está un poco dura.
- ¡No está un poco dura! Es que tu… ¡no importa! Es tu día de lavar los platos, permiso.
Mientras mi padre empieza a canturrear en la cocina corro rápidamente hacia la puerta y al abrirla aún está sentado y algo mareado el repartidor de pizzas.
- Lo siento, siempre se emociona cuando hace un pedido… creo que no supo canalizar su fuerza…
- ¿Canalizar? ¡No sé si sabe canalizar, ¡pero algo que “descanalizó” fue mi nariz!
- Si, bueno (como si nos importara… ¡cállate Kun!) Aquí está lo del queso extra.
- ¡Queso extra! ¡Queso extra!… ¡Yo le daré a ese viejo queso extra! – Se marchó refunfuñando su venganza.
Espero que no tengamos problemas con el repartidor de pizzas; las personas que hacen entregas a domicilio suelen ser un poco obstinadas. Una vez mi padre discutió fuertemente con el repartidor de la leche y este se negó a seguir realizando sus entregas matutinas. Mi padre no tuvo mejor idea que comprar una vaca. Pasamos una semana durmiendo en el primer piso disparándole balines al repartidor para detenerlo en su intento de robárnosla. Al final, dejó de intentarlo, pero la vaca decidió acabar con su vida, debido a, como ella misma explicó en su nota suicida, “falta de adaptación a los pesares de la vida en la ciudad” A partir de entonces, tomamos leche de soya… y no nos quejamos.
Tal vez irse a dormir muy temprano puede deprimir a cualquier alma que sienta no haber hecho nada productivo en el día, pero cuando uno menos lo espera, se da cuenta de que el día aún no ha terminado. El camión de la mudanza seguía estacionado en la casa de enfrente cuando ajusté mi despertador para las 7 de la mañana. El chorro del caño, abajo en la cocina, y los silbidos de mi padre eran los únicos ruidos de la casa en ese momento. La barrera entre el sueño y la realidad estaba siendo cruzada… no se sabe cuánto tiempo transcurre en ese lapso y este es el momento preciso para que las cosas sucedan y nadie pueda decir si son reales o simples pensamientos mezclados.
- ¿Cómo se va usted a ir? ¡Todavía falta meter muchas cosas!
- Es un sueño, ¿verdad Kun?
- (Por favor que sea un sueño…)
- Lo siento señora, nosotros le advertimos que necesitaríamos dos días para trasladar todo pero usted insistió en seguir trayendo cosas… ¡el contrato ha terminado!
- ¿¿Alguien puede callar esos ruidos??
- ¡Pero estas cosas deben viajar juntas, traerán mala suerte de otro modo… además yo no estoy satisfecha con el servicio!
- ¡Entonces haga su reclamo y espere! ¡Adiós!
El estruendo que hizo un camión al irse no pudo ser más evidente: arrancó y empezó a tocar las bocinas, llamándome a dejar de soñar… Además, el timbre había sonado. Mi padre duerme entre dos colchones para olvidar la falta de piernas entre las sábanas y el único destinado a abrir la puerta soy yo. Es increíble que a alguien se le pueda ocurrir tocar la puerta a media noche (¡Las escaleras pueden ser muy oscuras!) y de mi cabeza salieron dos sueños en forma de globos de gas; estoy seguro de que a partir de ahora deambularán por la casa. Uno de los sueños era grandioso. Estaba con mi madre en un jardín muy verde con mucho sol y globos que flotaban en fila. No me preguntaba que hacía allí; nada me importaba, pues mi madre me llevaba de la mano. Los globos pasaron por nuestro costado; hubo uno que se acercó demasiado para seguir a los demás… tenía rostro... flotaba sobre algo blanco, recuerdo sus ojos adormecidos… ¡ya voy dejen de tocar! ¡Que falta de consideración!... Todo está más iluminado cuando uno recién se despierta, la vista aun no se acostumbra a la luz recién encendida, la puerta tiene muchas cerraduras, suerte que traje la llave… ¿Quién es? ¡Es ella, el globo de mi sueño!
- ¿Qué? ¿Qué haces aquí?… ¿¿Selene??
- Te dije que sería inevitable volver a vernos, Zeta… bonita pijama.
- Pero… ¿qué demonios haces aquí? – Selene se veía impasible pero claramente satisfecha por su sorpresiva aparición frente a la puerta. Todavía estaba subida sobre esa pequeña nube flotante, de manera que estaba justo a mi altura.
- Shhh, no hables tan fuerte… hay gente que duerme – dijo, y casi reconocí una sonrisa.
- ¿De que hablas? ¿Qué haces aquí a esta hora?... ¡Me seguiste! Bueno, claro, no puedo hacer nada al respecto – ¡bienvenido Kun! - me ha pasado muchas veces, jeje… yo sé lo irresistible que soy, no te culpo… serías solo una más, no te fijes en la pijama, ¡es solo un disfraz para verme más adorable! ¿Qué tal un beso, eh? ¡Ahí voy!
Un fuerte golpe en la boca fue suficiente para frenar a Kun, Selene lo había golpeado con un certero derechazo y ahora me miraba con una extraña fascinación en los ojos, mientras yo, Zeta, tirado en el suelo, me reponía del golpe.
- No sabía que fueras… diferente – dijo ella y esta vez sí pude distinguir una sonrisa en su rostro.
- No es lo que parece, discúlpame, no sé lo que me pasó.
- ¿Qué significa todo ese ruido? Ze, ¿qué haces sentado en el suelo? – Mi padre había aparecido detrás de mí.
Otra persona apareció también. Desde la casa que estaba siendo habitada una figura cruzó la pista. Era una mujer inquietantemente bella. Era alta, delgada y tenía esa presencia majestuosa que solo podrían tener las reinas; tenía la piel muy blanca y el cabello color negro azabache, igual que Selene.
- Buenas noches – dijo e inmediatamente mi padre y yo empezamos a dibujar sonrisas estúpidas en bocas abiertas – Mi nombre es Margo y esta es mi hija Selene, somos sus nuevas vecinas.
- ¡Muy buenas noches señorita! (¿O debería decir señora?… No, soy viuda… ¡¡¡qué emoción!!!) – mi padre hablaba con la ansiedad de un niño de ocho años a punto de comerse un pastel – ¿en qué puedo ayudarla?
- Pensábamos si podíamos contar con su ayuda y la de su…¿hijo? Si, para ayudarnos a meter algunas cosas en nuestra casa porque el camión de mudanza ya se fue y no tenemos a nadie más que nos dé una mano.
- ¡No será necesario molestar a Zeta señorita Margo, él tiene sus propios problemas! Hijo, puedes regresar a dormir, yo me encargaré de ayudar a las damas.
- ¡Muchísimas gracias! ¿Señor….?
- ¡Emeraldo, a sus servicios para lo que quiera!
- Muy bien, Emeraldo – dijo Margo y soltó una risita francamente encantadora – ¡Adiós Zeta, mucho gusto en conocerte!
- Eh, adiós…
- Nos veremos – dijo Selene, alejándose con su madre, mi padre y su nube; mirándome, claramente con una expresión de gran curiosidad y fascinación.
Y yo sentado en el suelo con pijama.
4 comentarios:
¡Qué éxito!
Me afané un toque, así que nada. Muy buen post!! A ver, cuando actualizas y me dejas leer el siguiente cap.
Pd: Sí se entiende lo de los sueños nebulosos ;)
Genial, gracias!
Cada semana un capítulo y si quieres puedes poner preguntas de la historia o sugerencias para ver si tus aportes hacen que la historia se vaya por otros rumbos XD
PD: Lo sabía, solo necesité un ligero arreglo para que se entiendan ;)
Chévere! Me gustó... a veces hasta parece que tuvieras habilidad para esto jajaja! Sigue posteando Rin8!
jajaja, gracias Vikingo Gato Gordo! Muchos éxitos nuevamente por Quito...o debería decir "Kait" (así se pronuncia ps!)
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