31 de enero de 2010

Las mascotas pasadas y presentes

En casa nunca tuvimos buenas experiencias con los perros. El primero, Droopy, era un Doberman que me regalaron en el nido. Le tenía miedo xq era demasiado grande para mí; así es, no podía jugar con mi primera mascota. Le dio distemper y mi memoria infantil no recuerda mucho más de ese perro que para mí siempre fue enorme. Un par de años después tuvimos a Gigi, una perrita nerviosa de esas que se orinan cuando te ven, chusca y bonachona, pero con poco sentido de la autoprotección. Es así que la pobre Gigi fue atropellada cuando le abrieron la puerta para que salga a jugar. Murió una semana después en una lenta agonía que por suerte no recuerdo. Superado ese trauma tuvimos a Snoopy, otro chusco pero esta vez de la categoría “perro alfombra”. Snoopy duró bastantes años pero poco a poco le fuimos perdiendo el interés, como todo niño que se suele aburrir con las rutinas. Snoopy se convirtió en un perro callejero que comía ají y correteaba a canes mucho más grandes y fuertes que él (incluso una vez cazó a una paloma en pleno vuelo y…se la comió). Snoopy se había vuelto demasiado salvaje para la ciudad y nuestra madre decidió regalarlo un domingo. Nosotros nos enteramos al siguiente miércoles (excelente indicador de nuestra “cercana” relación con Snoopy).


De aquí en adelante, nuestra casa no tuvo mascotas de ningún tipo (salvo aventureras pulgas o cucarachas). En el año 93 nació Franco y toda la atención se vio volcada hacia él. Fue justamente Franco el motivo de nuestra siguiente mascota: Zico. Franco, de 6 ó 7 años, ahorró sus buenos 15 soles para salir un día a “jironear” con nuestra madre al centro de Lima. Regresaron con un perro chusquísimo pero que de cachorro era adorable. Zico fue bien recibido y acogido por la familia…hasta que creció para convertirse en un caballo. Zico ensuciaba la casa en proporciones titánicas, nunca se cansaba, comía basura y tenía un trauma con la escalera de la azotea, la cual solo bajaba cargado y con las cuatro patas totalmente estiradas cual gato a punto de ser metido en agua. No conforme con eso, atacaba a su dueño Franco cada vez que Renzo se lo indicaba (le robaba sus sandalias y las mordisqueaba, al final lo hacía llorar). Era el típico perro de construcción, delgado y angurriento. Fue regalado a un policía a pesar de que los 3 hermanos nos mostramos en contra. Tenemos como consuelo que ahora sirve a nuestra nación (o servía xq ya debe estar en el cielo de los perros o muy cerca).

En el año 2002, viajé a EEUU en estos programas “Work and Travel”. Grande fue mi sorpresa cuando al regresar a Perú, en marzo 2003 y entrar a la casa (totalmente remodelada por cierto) vi escurrirse entre todos los que me abrazaban (organizaron una reunioncita de bienvenida sorpresa) un bicho peludo de 3 meses de edad que se orinó cerca de mi pie derecho mientras movía la cola compulsivamente al recién llegado. “Es Tekila, nuestra nueva mascota. Es mi regalo de navidad de parte de la tía Bachy” dijo Franco, esta vez con 8 años encima y muy contento. La tía Bachy, la hermana de mi madre que vive en Chiclayo con Ani, el Piursi, Tito y el tío Beto, tenía en ese entonces una dinastía de perros. En una camada nacieron Tekila y muchos más que fueron regalados. Recuerdo haberla visto y pensado que su nombre era estúpido (o sea, no era mexicana) y que ella era molesta y fea (jeje).

Fueron pasando los meses y luego los años. Tekila es parte de una dinastía de perros muy querida por mí; es nieta de Danna, una perrita con la que me encariñé mucho de niño y que se acordaba de mí siempre que fui a Chiclayo, toda una señora digna en sus últimos días de vida. Era de suponerse que mi relación con Tekila mejoraría con el tiempo. A pesar de que en papeles, “Tekila Medina Vassallo” pertenecía a mi hermano Franco, en la práctica yo era su amo más querido (no se por qué ya que nunca la sacaba a pasear ni le daba comida ni nada, solo la apapachaba cada vez que podía). Tekila fue demostrando ser la mascota más inteligente que habíamos tenido. Como ya todos éramos más grandes, nadie le tenía miedo a Tekila ni la olvidábamos en la azotea. Nuestra actitud hacia las mascotas cambió al tener a esta perrita extremadamente lista y sinvergüenza pues, si bien sabía que no debía ingresar a ningún cuarto alfombrado, tenía fascinación por comer los papeles del baño (asi es, puaj). De cualquier modo, aprendió varios de los trucos que le enseñé (subir banquitos y quedarse quieta en ellos hasta recibir alguna señal y acercarse o alejarse cuando se le ordenaba eran sus mejores trucos). Hace unos años, Tekila sufrió una estrepitosa caída desde un…4to piso! cuando resbaló y cayó a suelo duro. Sorprendentemente no se rompió ningún hueso y hasta ahora no hemos notado ninguna secuela (aunque sospechamos que es estéril pero nunca lo sabremos dado que también es virgen jeje)

La vida de Tekila transcurría tranquila y feliz hasta que en diciembre del 2009, mis viejos tomaron la decisión de mudarse. Yo, que ya vivía solo, aplaudí la decisión pues se irían a una zona más segura (justamente ese era el principal motivo de la mudanza). Sin embargo, escogieron un depa donde no se admitían mascotas. Un domingo soleado se me informó que la vida de Tekila iba a ser interrumpida con una inyección letal. Inmediatamente protesté y me prometí no ceder (si se dan cuenta, antes de Tekila había perdido a todas mis mascotas de diversas maneras). Inmediatamente decidí confirmar el poder de las redes sociales. Creé el evento “Salvemos a Tekila” para buscarle un hogar y evitar su muerte. Invité a unos 20 amigos que consideré dignos de alojar a mi pobre perrita de ya 7 años. Mis bienintencionados 20 amigos remitieron el evento a otros amigos…es así como por efecto de bola de nieve, “Salvemos a Tekila” tenía más de 2,000 invitados y 500 guests confirmados (que no entendían que por el simple hecho de confirmar estaban aceptando adoptar a Tekila). No conformes con eso, tenía cientos de comentarios que despellejaban a mi familia entera, diciendo que no eran humanos, que cómo iban a terminar con una vida así nomás, que pobre perrita, saluditos a mi madre, etc, etc. Pura pasión internauta, de esa que se queja pero que no actúa. Al final estuve a punto de regalar a Tekila a una chica de muy buenas intenciones pero desconocida por mí. El solo hecho de imaginármela alejada de nosotros me remordía la conciencia. Al final tomé la decisión de alojarla en mi depa y lidiar con las desventuras de cuidar a un perro ya acostumbrado a un ritmo de vida que no viviría más.

Tekila tiene ya 3 semanas conmigo y nos va bien. Espero no cansarme de ella y de la responsabilidad. Franco renunció a ser su amo en evento visado por Renzo y con la presencia de mi madre como testigo; un apretón de manos selló el trato. Ahora la llevo todos los fines de semana a visitar el depa de mis viejos donde no se admiten mascotas. Por el momento creo que lo estamos haciendo bien. Ya no se siente una extraña pero aún llora un poco cuando se queda sola (tengo que ir a trabajar) Mi madre viene cada dos días a verla y yo trato de sacarla todas las noches…de otro modo me caga (literalmente). Creo que lo vamos a lograr, creo que dentro de su perruna cabeza algo sabe o supone del destino que casi le tocó vivir y está poniendo de su parte. Se que no soy un héroe, solo alguien muy neurótico que sabía que iba a empezar a ver el fantasma de mi perra si me quedaba con los brazos cruzados. No me ha roto nada, pero temo por mi tele de 32” y mis muebles blancos “¿Para qué te compras muebles blancos pues?”…atinado comentario de alguien que no sabe que primero llegaron los muebles y luego Tekila a esta casa. En fin, se ha adaptado rápido y ahora duerme placenteramente luego de haber comido y espera que termine este post para ir a dar una vuelta por el parque donde le soltaré la correa y tendré que caminar con ella porque es demasiado engreída para alejarse mucho de su amo. Correrá un poco y me moverá la colita gimiendo levemente indicándome que ya está cansada y que quiere volver a su nuevo hogar a tomar agua y dormir.

Fotos de Tekila en este link!

http://www.facebook.com/album.php?aid=375520&id=541005719

7 comentarios:

Nuit dijo...

Totalmente de acuerdo con el comentario "por qué compras muebles blancos"...más allá de mascotas inesperadas, los muebles blancos están condenados a ensuciarse tan rápido que es absurdo. Los odio.
No a los muebles blancos!

Rin8 dijo...

Jajaja...pero es que mi casa es blanca con negro y hasta ahora los había cuidado bien! Por suerte un trapito húmedo soluciona el problema ;)

Chio B. dijo...

Kisaaaa tu no lo sabias, pero tekila en su juventud tenia un novio a escondidas XD. Jajajaj. Cuando tu mama nos hacia movilidad ( a una amiga:jimena, a franco y a mi ) Ibamos y recojiamos a tekila y d ahi dejabamos primero a jimena y ella sacaba su cocker ( no me acuerdo como se llamaba.. caramelo?) y los sacabamos al parque.. y eran novios ( aunq tekila era mayor) y nos divertia verlos jugar. Segun nosotros iban a casarse... hasta qe se robaron al novio XD y ahi terino el noviazgo u_u

Rin8 dijo...

...y tal vez nisikiera es virgen! y yo pensando que si, jeje.

Anónimo dijo...

Muy divertido relato de tus mascotas. Yo tuve la desdicha de aceptar la muerte de uno de mis perros pues sufría mucho de viejo.

Me has recordado que siempre pido a mis amigos que se queden con Spunki para que nos den al menos una semana de vacaciones... es cariñoso pero a veces deseas tener un dardo tranquilizante...

Jorge A. Baudouin

Rin8 dijo...

Es que Spunki es warrior!

Warmillay dijo...

Yo también hubiese destrozado a tu familia completa en el FB pq uno no adopta una mascota (y se deja adoptar por ella) sólo hasta que le estorba, así no es. Es como darle vuelta a la abuela pq ya está vieja y rancia.
Pero en fin, 7 años son buenos para que una perra adulta agradezca nuevos y más reposados comienzos. Suerte en la feliz y (espero) larga convivencia.