Últimamente estoy abocado al ahorro. Mi intención es gastar únicamente en cosas básicas (paquete adicional de cable satelital, vitaminas y programas nutricionales en el gimnasio, comida acorde con un estilo de vida saludable, televisores pantalla plana de dimensiones vergonzosas y demás elementos de vital importancia para la subsistencia de una persona feliz y normal). Además le debo varios miles de soles a un bancucho y otro monto que me sonroja a mi pata Jose (que se debe estar arrepintiendo de haberme prestado dinero…y eso que yo aparentaba ser tan buen sujeto de crédito!). Pensar en cómo ganar dinero sin mover ni un dedo y, en general, pensar en el dinero en sí me ha llevado al pasado hasta recordar los primeros nuevos soles que pude tener en mis manos.
Las propinas que nos daba nuestro viejo (a Renzo y a mi) siempre nos parecieron muy poco…en realidad ERAN muy poco. Mi viejo hablaba, medio en broma, medio en serio, sobre el valor del dinero y lo poco preparados que estábamos para manejarlo. Su padre se lo había enseñado y ahora él trataba de transmitirlo. Sin embargo, era muchas veces vencido por el bombardeo publicitario y sus infinitas ganas por complacernos. No nos daba dinero, pero nos compraba varias cosas. El tiempo fue pasando y acordamos recibir una propina…¡genial! Ahora vamos a tener dinero y podremos comprar lo que querramos, pensábamos Renzo y yo. Recuerdo haber empezado a recibir 50 céntimos semanales en mi etapa de primaria en el cole (allá por los 90´s). Al inicio, era tanto el entusiasmo por estar recibiendo una propina constante que no parecía importar el monto. ¿Qué podríamos comprar? La mayor parte se iba, como le pasa a todos los niños panzones como éramos nosotros, en golosinas.
El tiempo iba pasando y el monto empezó a verse cada vez más pequeño. Renzo, como buen futuro abogado, se dio cuenta un día de que las condiciones propinísticas eran inhumanas y levantó su voz de protesta, marchando en el pasillo de nuestra casa por que “necesitaba un aumento”, con una pancarta donde llamaba a nuestro viejo “malo, cruel y despiadado”. Creo que, a partir de ese momento histórico y revolucionario, nuestra “semanada” subió hasta 1 sol con 50 céntimos.
Yo por mi parte, empecé a educar mi ánimo coleccionista (solo mi ánimo porque nunca he coleccionado nada). Había, por ese entonces, muñecos de acción de los G.I. Joe y cada uno costaba 12 soles en el ahora fenecido Polvos de Limatambo. Neurótico yo, empecé a medir mis propinas en G.I. Joes, de tal manera que cada mes recibía medio G.I. Joe. En toda mi vida, solo compré uno (y encima era uno de los más monses). Renzo y yo seguimos pidiendo aumentos durante gran parte de nuestra vida escolar.
En esos últimos años, finales de los 90 e inicios del miedo al Y2K, nuestra propina era de 5 soles semanales. Por suerte, los pasajes al ICPNA eran costeados aparte pero asignados al milímetro por mi madre, que nos entregaba cada día útil 1 sol con 50 céntimos: “50 para ir, 50 para volver y 50 para que te compres lo que quieras”... ¡no era cierto eso de que nos podíamos comprar lo que quisiéramos! ¿Qué me podía comprar en pleno año 2000 con 50 céntimos? Yo tengo un amigo, Javier Piscoya, a quien su viejo le daba 10 soles diarios; por ende, yo era un chico en extrema pobreza a su costado que necesitaba 14 días de propina para recibir lo mismo que él. Lo miraba con envidia pensando en todo lo que yo podría hacer con sus benditos 10 soles diarios. Hubiera hecho cosas muy interesantes en lugar de comprar todas las galletas posibles que Javier se comía (aunque, para hacerle justicia, invitaba).
Siguió pasando el tiempo y las propinas que recibí cesaron de manera voluntaria cuando empecé a recibir un pago de prácticas pre profesionales. Renzo, como buen estudiante de derecho, no renunció a la propina (al fin y al cabo, era él quien hacía las huelgas y paros) y siguió recibiendo propinas por un poco más de tiempo (sospecho que aún las recibe). Más adelante, y por un período muy corto de tiempo, decidí darle propinas a mi madre porque como ella dice “a mi nadie me auspicia”. Luego llegó la mudanza, las deudas y el remolino de luchar “solo” en la vida financiera. Hoy por hoy, he pedido propinas cuando el sueldo no me alcanza. Se que no debería pero mi viejo igual me las da (con sermoncito del ahorro incluido, claro está).
Mi viejo siempre nos incentivó a ahorrar…y de taquito nos dio una probadita de pobreza. La mayor parte de mi niñez me sentí pobre, pero nunca lo fui. Pudimos habernos quejado de las condiciones “inhumanas” que nos veíamos forzados a aceptar pero, en ese momento, no entendíamos que nuestra familia no era pobre; simplemente teníamos a dos locos sacrificados y ahorradores como padres. Tal vez yo no recibía 10 soles diarios para comprar galletas en el colegio, pero llevaba dos panes, uno para cada recreo, a veces con jamón, otras con queso, mermelada, mantequilla o miel y siempre con el ingrediente secreto de mi madre: amor. No pude tener mi colección de G.I. Joes, pero ahorré tantas monedas de un sol y de cincuenta céntimos que pude comprarme unos patines de segunda y, aunque los abandoné meses después (me di cuenta de que tenía miedo de caerme de la bendita rampa de patinaje) sentí la satisfacción de haberlo logrado. He tenido la suerte de haber sentido esa misma satisfacción varias veces más.
Por eso, mientras escribo este post que pretendía ser gracioso por las ínfimas propinas que recibí de chibolo, me alegro y me conmuevo. Y es que, aunque no da risa y nadie lo vaya a leer, el escribirlo me ha hecho dar cuenta de la suerte que hemos tenido y que tenemos Renzo, Franco y yo al haber caído en manos de ese leñador trabajador y de su esposa hermosa y tierna que viven en su casita del bosque y que son felices, en vez de haber sido hijos de padres ausentes y egoístas.
Así que ahora, sabiendo eso, tengo serios planes de a pagar todas mis deudas, poner un negocio y retirarme de la vida laboral dependiente ;)
Las propinas que nos daba nuestro viejo (a Renzo y a mi) siempre nos parecieron muy poco…en realidad ERAN muy poco. Mi viejo hablaba, medio en broma, medio en serio, sobre el valor del dinero y lo poco preparados que estábamos para manejarlo. Su padre se lo había enseñado y ahora él trataba de transmitirlo. Sin embargo, era muchas veces vencido por el bombardeo publicitario y sus infinitas ganas por complacernos. No nos daba dinero, pero nos compraba varias cosas. El tiempo fue pasando y acordamos recibir una propina…¡genial! Ahora vamos a tener dinero y podremos comprar lo que querramos, pensábamos Renzo y yo. Recuerdo haber empezado a recibir 50 céntimos semanales en mi etapa de primaria en el cole (allá por los 90´s). Al inicio, era tanto el entusiasmo por estar recibiendo una propina constante que no parecía importar el monto. ¿Qué podríamos comprar? La mayor parte se iba, como le pasa a todos los niños panzones como éramos nosotros, en golosinas.
El tiempo iba pasando y el monto empezó a verse cada vez más pequeño. Renzo, como buen futuro abogado, se dio cuenta un día de que las condiciones propinísticas eran inhumanas y levantó su voz de protesta, marchando en el pasillo de nuestra casa por que “necesitaba un aumento”, con una pancarta donde llamaba a nuestro viejo “malo, cruel y despiadado”. Creo que, a partir de ese momento histórico y revolucionario, nuestra “semanada” subió hasta 1 sol con 50 céntimos.
Yo por mi parte, empecé a educar mi ánimo coleccionista (solo mi ánimo porque nunca he coleccionado nada). Había, por ese entonces, muñecos de acción de los G.I. Joe y cada uno costaba 12 soles en el ahora fenecido Polvos de Limatambo. Neurótico yo, empecé a medir mis propinas en G.I. Joes, de tal manera que cada mes recibía medio G.I. Joe. En toda mi vida, solo compré uno (y encima era uno de los más monses). Renzo y yo seguimos pidiendo aumentos durante gran parte de nuestra vida escolar.
En esos últimos años, finales de los 90 e inicios del miedo al Y2K, nuestra propina era de 5 soles semanales. Por suerte, los pasajes al ICPNA eran costeados aparte pero asignados al milímetro por mi madre, que nos entregaba cada día útil 1 sol con 50 céntimos: “50 para ir, 50 para volver y 50 para que te compres lo que quieras”... ¡no era cierto eso de que nos podíamos comprar lo que quisiéramos! ¿Qué me podía comprar en pleno año 2000 con 50 céntimos? Yo tengo un amigo, Javier Piscoya, a quien su viejo le daba 10 soles diarios; por ende, yo era un chico en extrema pobreza a su costado que necesitaba 14 días de propina para recibir lo mismo que él. Lo miraba con envidia pensando en todo lo que yo podría hacer con sus benditos 10 soles diarios. Hubiera hecho cosas muy interesantes en lugar de comprar todas las galletas posibles que Javier se comía (aunque, para hacerle justicia, invitaba).
Siguió pasando el tiempo y las propinas que recibí cesaron de manera voluntaria cuando empecé a recibir un pago de prácticas pre profesionales. Renzo, como buen estudiante de derecho, no renunció a la propina (al fin y al cabo, era él quien hacía las huelgas y paros) y siguió recibiendo propinas por un poco más de tiempo (sospecho que aún las recibe). Más adelante, y por un período muy corto de tiempo, decidí darle propinas a mi madre porque como ella dice “a mi nadie me auspicia”. Luego llegó la mudanza, las deudas y el remolino de luchar “solo” en la vida financiera. Hoy por hoy, he pedido propinas cuando el sueldo no me alcanza. Se que no debería pero mi viejo igual me las da (con sermoncito del ahorro incluido, claro está).
Mi viejo siempre nos incentivó a ahorrar…y de taquito nos dio una probadita de pobreza. La mayor parte de mi niñez me sentí pobre, pero nunca lo fui. Pudimos habernos quejado de las condiciones “inhumanas” que nos veíamos forzados a aceptar pero, en ese momento, no entendíamos que nuestra familia no era pobre; simplemente teníamos a dos locos sacrificados y ahorradores como padres. Tal vez yo no recibía 10 soles diarios para comprar galletas en el colegio, pero llevaba dos panes, uno para cada recreo, a veces con jamón, otras con queso, mermelada, mantequilla o miel y siempre con el ingrediente secreto de mi madre: amor. No pude tener mi colección de G.I. Joes, pero ahorré tantas monedas de un sol y de cincuenta céntimos que pude comprarme unos patines de segunda y, aunque los abandoné meses después (me di cuenta de que tenía miedo de caerme de la bendita rampa de patinaje) sentí la satisfacción de haberlo logrado. He tenido la suerte de haber sentido esa misma satisfacción varias veces más.
Por eso, mientras escribo este post que pretendía ser gracioso por las ínfimas propinas que recibí de chibolo, me alegro y me conmuevo. Y es que, aunque no da risa y nadie lo vaya a leer, el escribirlo me ha hecho dar cuenta de la suerte que hemos tenido y que tenemos Renzo, Franco y yo al haber caído en manos de ese leñador trabajador y de su esposa hermosa y tierna que viven en su casita del bosque y que son felices, en vez de haber sido hijos de padres ausentes y egoístas.
Así que ahora, sabiendo eso, tengo serios planes de a pagar todas mis deudas, poner un negocio y retirarme de la vida laboral dependiente ;)
7 comentarios:
Está bonito y nostálgico tu artículo. Recordar las propinas y envidiar las de otros a sido simpático.
Yo tenía el mismo problema con los G.I. Joe (una vida para comprar un bendito muñeco y sin nave por supuesto... ni en sueños) y mi padre tenía una filosofía parecida al tuyo.
Claro, lo que no sabes es que de puro picón, casi 20 años después me compré algunos; solo para darme el gusto, jajaja. (Ahora están mucho mas caros!)
Quizá puedas añadir una reflexión mas a tu artículo... dime Renato, ¿Cuanto le darás de propina a tus hijos? ¿1 sol o 10 soles?
Jorge A. Baudouin
Gracias por tu comment Koky!
A mis hijos les daré definitivamente 1 sol...se sufre pero se goza ;)
Jajajaja me encanta tu blog. Siempre me haces reir! . Tienes una forma muy peculiar de escribir.
Yo me empeze a quejar cuando era bebita ( 5 años) pq veia q mi papa les daba proprina a koky y a renato y entonces me empezo a dar 10 centimos cada semana xD jajajajajajajaj
Chio B.
Gracias Rocío por tu comment! La verdad es que yo quiero que me sigan dando propina! XD! Hey si puedes pasa la voz para que otros lean el blog! :P
Realmente deberias de escribir mas , tus articulos estan geniales. hablando sobre las popinas , yo estoy ahora en la etapa de practicante ... asi que estoy pasando por lo de quedarme sin propina :(
Hey muchas gracias por tu comment! La verdad es que trato de escribir cada domingo pero últimamente estuve con las pilas bajas. Prometo postear este fin de semana!
Mi abuela me dio propina como hasta los 30 pero a mi prima (de 27 por entonces) le daba más porque vivió con ella y su lema era: para tu chocolate, hijita. Lo máximo. =)
Y con mi papá fue una negociación constante de adelantos de propina porque yo jamás llegaba con dinero a fin de mes, pobre. Creo que hasta ahora le debo.
Publicar un comentario