Desde que bajamos del avión me di cuenta de que iba a ser un éxito: Jess, Nati, Ed y yo habíamos comprado nuestros pasajes a solo 70 cocos, hace varios meses, en una de las promociones de LAN. Nuestro destino era Tumbes, un lugar donde según yo "no hay ni mierda". Los 25 grados que nos recibían me recordaron inmediatamente a California, cuando mi amigo Fernando, un mexicano excelente, nos bajó de Big Bear Mountain a conocer Los Angeles en su orgulloso Plymouth.
El aeropuerto de Tumbes es pequeño, y Jess dice que antes lo armaban solamente cuando llegaba un avión. Me acordé inmediatamente de la última pela de Indiana Jones, donde el buen Indie denigra a la ciudad de Nasca al presentar un aeropuerto enano, con gallinas que revolotean en su pista de aterrizaje. Ciertamente el de Tumbes es un aeropuerto pequeño pero no vi gallinas ni a Indiana.
La tarifa a Zorritos, nuestro destino paradisiaco, era de 40 soles pero como tengo cara de pobre me lo dejaron en 35...pero como no íbamos a zorritos exactamente sino más allacito terminamos pagando 50 soles. No importaba, en realidad no teníamos idea de dónde estábamos; solamente Jess había viajado a Tumbes una vez pero no recordaba mucho. Tumbes es curioso, trato de ubicarlo mentalmente en mi mapita del Perú como la última ciudad del norte peruano, como la frontera o el fin del mundo de la buena comida. La panamericana tiene solo un carril de ida y otro de vuelta. Como estábamos yendo al sur en taxi, teníamos a la derecha el mar y a nuestra izquierda cerros...asumo ignorantemente que Tumbes no tiene mucha costa y que su sierra empieza en esas tímidas rocosidades.
Si bien el cielo no tiene la esplendorosidad magna del techo negro serrano, la noche de Tumbes cautiva por su cielo estrellado que te invita a estudiar astronomía para dibujar con el dedo, como Russel Crowe en A beautiful Mind, las constelaciones. Nuestro taxista, un autoexiliado de Lima hace 20 años, funge de guía turístico voluntario y nos cuenta del crecimiento de Tumbes, de lo pequeña que es la ciudad y del encanto de Zorritos (que él afirma ser mucho mejor que el destino pop del norte llamado Máncora). 40 minutos de camino acompañados de la música de Santana y otros grandes que no se valorar hasta llegar a nuestro destino: La posada de los Tumpis. Entramos preocupados, esperando que las fotos que vimos en la página web no fueran trucadas como nos han dicho que hizo otra posada competidora.
Nuestro temor se disipa inmediatamente: Una maravillosa estructura de maderas, piedra, lozetas, que se yo! nos recibe con los brazos y puertas abiertas. Sale a nuestro encuentro la pareja dueña y administradora del lugar. Como si fuéramos invitados a su casa de playa, nos dan la cordial bienvenida y nos preguntan nombres. Luego, sus encantadoras ayudantes nos dan el encuentro y preguntan si comeremos...claro que si! decimos mientras no dejamos de escudriñar el lugar, maravillados con la belleza estética de un lugar de descanso paradisíaco. Nos muestran nuestros cuartos con adorable calidez y empezamos la sesión de fotos, para sacar pica en Lima y recomedar a quien pueda venir (y a quien no pueda también) el lugar que hemos decubierto.
La posada de los Tumpis, nos cuenta Sandra, su dueña, tiene aproximadamente un año y nace como un retiro para la pareja que encuentra la herramienta perfecta para descansar sin descanso (valga la redundancia) administrando su pedacito de paraíso. Cobran, a mi parecer, lo justo y el ambiente familiar que le imprimen al lugar es, además de su buen gusto, lo más valioso que tiene la posada. Esa noche, en la piscina y muy contento, recordé los buenos tiempos de Puerto Eten, cuando jugábamos a la vida simple y llana, y no existían más preocupaciones que cuántas olas vencería a la mañana siguiente en mis diarias batallas con el helado mar Lambayecano. Zorritos y la posada eran sin duda el mismo recuerdo, pero en paquete premium y high definition.
La mañana del día siguiente ha sido una de las mañanas más pacíficas de mi vida. Imaginen despertar en un cuarto totalmente blanco, olvidando dónde estaban por el profundo sueño y chinos por la cantidad de luz que ingresa al cuarto. Sumen a eso el arrullo del mar que te despierta con cuidado y te anuncia que es más temprano de lo que parece. Todo es fresco. Abrir la puerta de mi cuarto y caminar hacia la orilla del mar ha sido una de las cosas más sublimes que he podido experimentar. casi había olvidado las cosas simples, las cosas básicas como despertar, dar unos pasos y saludar al dios mar, sonreirle y observar su grandeza y comprender tu pequeñez. En estos momentos, tu saco y tu corbata, y tu tarjeta eletrónica que abre las puertas de un edificio son las cosas más absurdas del mundo; no tienen sentido en esta vida maravillosa.
Quien quiera recordar todo eso, quien quiera salir del mundo absorbente de la ciudad debe venir. Recuerdo una frase buena de una pela no tan buena: "La gente realmente inteligente es la que vive donde nosotros sólo podemos ir de vacaciones"...y yo planeo volverme un tipo inteligente, muy inteligente.
Aquí algunas fotos de la Posada de los Tumpis, nuestro refugio Tumbecino :P
3 comentarios:
Viví el viaje!
Pareces escritor moderno ,pero la gente ignorante te va guardar cierto rencor por decirle sus verdades. Sigue asi , no seas comercial ...como la cumbia XD.
Gracias! Seguiré luchando contra ser comercial (aunque siempre sería chvr serlo no?)
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