Durante la última semana he tratado de construir y mantener más o menos la misma rutina. Despierto, demasiado tarde para llegar temprano a la chamba, flojeo y voy al baño a esperar que el agua de la ducha se caliente. Me desvisto y entro a la ducha, dejando el calentador prendido para mantenerme caliente cuando salga del agua. Desodorante, talco para pies y a vestirse; recién ahí apago el calentador. Abro la puerta de mi habitación y camino por mi pasillo nuevo, respirando el nuevo día (qué cursi!)
No hay muebles, solo una mesa de vidrio que obtuve con el 25% de descuento y 4 sillas que hacen juego. Mis pantuflas resuenan un poco por el eco de la sala-comedor. Entro a la cocina y empieza la preparación del nutritivo desayuno. Desde que me mudé hace ya dos semanas, a dos cuadrazas de mi casa, he experimentado cambios diarios que han ido definiendo mi nueva vida de soltero independiente; aunque tengo el auspicio de mi madre en lo que a almuerzos se refiere (sólo hasta el 15 de setiembre ojo!) y lavadas de ropa, mientras que mi viejo me auspicia con Carlitos, su carro verdeazulado.
Ahora llamo la “casa de mis viejos” a la que hasta hace un par de weeks era “mi jato”; mi cuarto es ahora el de mi hermano Renzo y el cuarto de éste por ahora está en remodelación, hay que pintarlo porque parece celda de preso; cuando terminen de “repararlo” será de Franco, mi hermano menor…¿y el cuarto de Franco de quién será?...pues no se, de huéspedes se dice por ahí…veremos.
Pero bueno, la mudanza puede haber sido fácil, pero no rápida. En realidad el 25% de mis cosas (gracias investigación) se debaten entre la casa de mis viejos y mi depa nuevo…cada vez que puedo, regreso a mi nuevo hogar con la mochila llena de ropa interior (pero no encuentro las medias y me falta una correa!) jeans, zapatos, y todo lo que pueda agarrar a mi paso y que ha quedado en casa de mis viejos pues me fui mudando de a puchos y todavía no termino con las cosas pequeñas. Mi perra Tequila observa desde la escalera mis sospechosas entradas y salidas…”se ha hecho la caca debajo de la tabla de planchar”…”se ha comido su cama”…son las nuevas quejas de mi madre ante las muestras de disconformidad de Tequila con mi partida; y es que a ella nadie le consultó nada y tiene toda la razón del mundo para quejarse. Me extraña y puedo jurar que bota lágrimas cuando llego a verla.
En mi nueva casa faltan varias cosas, hoy me di cuenta pues hice una lista de todo lo que falta comprar y ponerle para que sea 100% confort y diversión. No tengo tele así que le estoy dando duro a mi laptop; solo tengo un basurero así que ya se imaginarán la fusión de olores y sabores. No tengo platos así que le robé un bol a mi vieja (mentira, se lo pedí prestado como hijo bueno), compré platos descartables, me llevé mi taza de Bola Roja y un Rapid Huevo (léase, envase para cocinar huevo duro en microondas, porque microondas si tengo).
Anoche freí papas y esta vez no las quemé, me di cuenta de que el tamaño de las hornillas de las cocinas importa tanto o más que el tamaño de la sartén, ya no tengo que bañarme como preso, bien pegado a la pared porque ya tengo cortina de baño y me falta mucho espacio para guardar ropa. El eco me importa cada vez menos y pronto me atreveré a cantar atormentando vecinos porque si no practico me olvido…y ah! Tengo que pagar los benditos gastos comunes que hasta ahora me hacen quedar como el mayor deudor del edificio ocre con crema de la calle Alfa Centauro.
El nuevo depa ya ha recibido ilustres invitados: Ed y Jess comieron popcorn semi quemado por su servidor, Anthony y Raúl ya bebieron e improvisaron ahí y Alexa hasta se ha quitado la ropa….para probarse un vestuario ojo!...Lo más jodido es lavar ollas, vasos y cubiertos porque inmediatamente vuelvo a ensuciar lo mismo. Solo tengo un espejo y he conversado con él todas estas mañanas; me ha dicho que estoy más flaco de lo que yo creía y por ello he decidido subir algunos kilos…¿cómo? No tengo idea, la balanza no me bota más de 68kg desde hace 5 años y encima por ahí hay médicos que dicen que tengo sobrepeso. Capitán Crunch en las mañanas y carnes por las noches estarán a mi entera disposición para aumentar masa corporal, en mi incompleta casa nueva que poco a poco empieza a tomar forma y se divierte viéndome amanecer más tarde de lo debido.
Adiós casita de la calle Gabriela Mistral. En esta despedida vienen a mi mente los recuerdos de aquella casa que antes tuvo un piso, luego dos y luego tres y que luego digievolucionó para ser un edificio con tres depas. Recuerdo los esfuerzos de mis buenos viejos levantando poco a poco esa fea pero hermosa construcción, con carrito rojo que se robaron, con rejas negras en la entrada, con árbol, sin árbol, con consultorio, con ratones, con chanchitos de tierra en la carretilla de Renzo, con Franco naciendo, jugando con papelitos y con Nintendos, saltando en escaleras y jugando debajo de camas…creciendo ahí, viviendo ahí.
Y quién diría, pensaba terminar esto diciendo que no extraño mi vieja casa; la verdad es que me acabo de dar cuenta de lo que puede significar irse de la casa, dar un paso más; dejar atrás tu forma de vida conocida. Es mostro vivir solo y tener tu casa propia. En mi caso, me queda claro que he cambiado de casa, pero mi hogar sigue siendo el mismo. Y amo esa contradicción.
No hay muebles, solo una mesa de vidrio que obtuve con el 25% de descuento y 4 sillas que hacen juego. Mis pantuflas resuenan un poco por el eco de la sala-comedor. Entro a la cocina y empieza la preparación del nutritivo desayuno. Desde que me mudé hace ya dos semanas, a dos cuadrazas de mi casa, he experimentado cambios diarios que han ido definiendo mi nueva vida de soltero independiente; aunque tengo el auspicio de mi madre en lo que a almuerzos se refiere (sólo hasta el 15 de setiembre ojo!) y lavadas de ropa, mientras que mi viejo me auspicia con Carlitos, su carro verdeazulado.
Ahora llamo la “casa de mis viejos” a la que hasta hace un par de weeks era “mi jato”; mi cuarto es ahora el de mi hermano Renzo y el cuarto de éste por ahora está en remodelación, hay que pintarlo porque parece celda de preso; cuando terminen de “repararlo” será de Franco, mi hermano menor…¿y el cuarto de Franco de quién será?...pues no se, de huéspedes se dice por ahí…veremos.
Pero bueno, la mudanza puede haber sido fácil, pero no rápida. En realidad el 25% de mis cosas (gracias investigación) se debaten entre la casa de mis viejos y mi depa nuevo…cada vez que puedo, regreso a mi nuevo hogar con la mochila llena de ropa interior (pero no encuentro las medias y me falta una correa!) jeans, zapatos, y todo lo que pueda agarrar a mi paso y que ha quedado en casa de mis viejos pues me fui mudando de a puchos y todavía no termino con las cosas pequeñas. Mi perra Tequila observa desde la escalera mis sospechosas entradas y salidas…”se ha hecho la caca debajo de la tabla de planchar”…”se ha comido su cama”…son las nuevas quejas de mi madre ante las muestras de disconformidad de Tequila con mi partida; y es que a ella nadie le consultó nada y tiene toda la razón del mundo para quejarse. Me extraña y puedo jurar que bota lágrimas cuando llego a verla.
En mi nueva casa faltan varias cosas, hoy me di cuenta pues hice una lista de todo lo que falta comprar y ponerle para que sea 100% confort y diversión. No tengo tele así que le estoy dando duro a mi laptop; solo tengo un basurero así que ya se imaginarán la fusión de olores y sabores. No tengo platos así que le robé un bol a mi vieja (mentira, se lo pedí prestado como hijo bueno), compré platos descartables, me llevé mi taza de Bola Roja y un Rapid Huevo (léase, envase para cocinar huevo duro en microondas, porque microondas si tengo).
Anoche freí papas y esta vez no las quemé, me di cuenta de que el tamaño de las hornillas de las cocinas importa tanto o más que el tamaño de la sartén, ya no tengo que bañarme como preso, bien pegado a la pared porque ya tengo cortina de baño y me falta mucho espacio para guardar ropa. El eco me importa cada vez menos y pronto me atreveré a cantar atormentando vecinos porque si no practico me olvido…y ah! Tengo que pagar los benditos gastos comunes que hasta ahora me hacen quedar como el mayor deudor del edificio ocre con crema de la calle Alfa Centauro.
El nuevo depa ya ha recibido ilustres invitados: Ed y Jess comieron popcorn semi quemado por su servidor, Anthony y Raúl ya bebieron e improvisaron ahí y Alexa hasta se ha quitado la ropa….para probarse un vestuario ojo!...Lo más jodido es lavar ollas, vasos y cubiertos porque inmediatamente vuelvo a ensuciar lo mismo. Solo tengo un espejo y he conversado con él todas estas mañanas; me ha dicho que estoy más flaco de lo que yo creía y por ello he decidido subir algunos kilos…¿cómo? No tengo idea, la balanza no me bota más de 68kg desde hace 5 años y encima por ahí hay médicos que dicen que tengo sobrepeso. Capitán Crunch en las mañanas y carnes por las noches estarán a mi entera disposición para aumentar masa corporal, en mi incompleta casa nueva que poco a poco empieza a tomar forma y se divierte viéndome amanecer más tarde de lo debido.
Adiós casita de la calle Gabriela Mistral. En esta despedida vienen a mi mente los recuerdos de aquella casa que antes tuvo un piso, luego dos y luego tres y que luego digievolucionó para ser un edificio con tres depas. Recuerdo los esfuerzos de mis buenos viejos levantando poco a poco esa fea pero hermosa construcción, con carrito rojo que se robaron, con rejas negras en la entrada, con árbol, sin árbol, con consultorio, con ratones, con chanchitos de tierra en la carretilla de Renzo, con Franco naciendo, jugando con papelitos y con Nintendos, saltando en escaleras y jugando debajo de camas…creciendo ahí, viviendo ahí.
Y quién diría, pensaba terminar esto diciendo que no extraño mi vieja casa; la verdad es que me acabo de dar cuenta de lo que puede significar irse de la casa, dar un paso más; dejar atrás tu forma de vida conocida. Es mostro vivir solo y tener tu casa propia. En mi caso, me queda claro que he cambiado de casa, pero mi hogar sigue siendo el mismo. Y amo esa contradicción.
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