28 de septiembre de 2008

Colombino y los temblores imaginarios

Siendo ya conocido (o al menos publicado para que conste dentro del mundo de la triple w) el severo problema que sufría Colombino cada vez que se tomaba una gaseosa dando más de tres tragos seguidos, es importante señalar que este no es el único problema que debe enfrentar nuestro desventurado personaje. Colombino además sufre de temblores imaginarios; es decir, movimientos telúricos cerebrales que lo hacen correr despavorido, golpeando a diestra y siniestra, cual gacela acechada por un león hambriento, hasta salir de cual sea la construcción en la que se encuentre y establecer un rápido refugio en un lugar seguro. Nuestro amigo lucha por continuar con su vida, desafiando a su mente y a su mayor temor, el cual nació un día de visita al dentista.
Colombino había ahorrado sus buenos soles para asegurarse la sonrisa perfecta. Había empezado a acudir al consultorio de su tía Tía para que esta repare todo lo que los caramelos y la genética se habían ocupado en malograr durante un poco más de 20 años. Las visitas eran agradables, con la Dra. Tía conversando con él a menudo respecto a lo extensa que era la familia Potente (la familia materna de Colombino) y siendo amigo incluso de Beatriz Triz, la secretaria de la Dra. Tía. Eran visitas al dentista soñadas.
Aquel día, Colombino llegó con retraso. En ese entonces trabajaba en Azul Telecomunicaciones y había sido esclavizado más de la cuenta. "Tendrás que esperar porque ya entró otro paciente" le dijo Beatriz Triz. No importaba, no había mucha prisa y la canastita de las revistas siempre tenía algo que enseñar. En la sala de espera había una señora y una viejita de aspecto tranquilo.
De repente, sucedió. El consultorio, ubicado en un piso 13, empezó a vibrar como si un camión muy pesado estuviera pasando cerca, demasiado cerca. Colombino, las dos mujeres y Beatriz se miraron y asintieron "es un temblor"..."ya va a pasar". Sin embargo, el caprichoso movimiento de placas tectónicas no terminaba así que todos, recordando que lo que hicieran en estos momentos era "tarea de todos", se ubicaron responsablemente en el marco de la puerta que abrieron por si se atoraba. No terminaba. Colombino sabía guardar la calma y aguardó serenamente. De pronto, el temblor se fue haciendo más intenso, los vidrios que se veían por la puerta abierta de la sala de espera empezaron a temblar con más fuerza y el movimiento ondulante crecía y balanceaba el cerebro y el corazón de Colombino como si este fuera un perrito de taxi atravesando un camino de trocha. Era oficialmente un terremoto de grado 7. La puerta de la sala de dentistas se abrió violentamente y la Dra. Tía (o al menos lo que se alcanzó ver de ella) salió corriendo despavorida...Colombino y los demás miraban incrédulos como corría la Dra., aquella mujer a quienes ellos encomendaban sus bocas ya debería estar por el piso 8 continuando su carrera hacia la salida.
La viejita de la sala de espera empezó a rezar. Colombino empezó a angustiarse porque sentía que la asustada señora, sin desearlo, le estaba dando la Unción de los Enfermos y con ello, cerrando con cristiano broche de oro su participación en este planeta. La angustia fue mayor cuando la vieja (ya no era una "viejita") empezó a implorar "por favor que se detenga" mientras lloraba y temblaba. Nuestro héroe pensó en huir como la Dra. Tía, pero el techo botaba polvo y Colombino podría jurar que lo vió agrietarse. El terror fue mayor cuando la asustada paciente decidió salir a la sala de espera y dar el encuentro a los demás. Tenía la boca llena de algodones sangrantes y gritaba agudamente palabras inentendibles. Al parecer, la Dra. Tía había dejado el trabajo a medias. La sangre salpicaba a la vieja llorona, a Colombino y a la otra infortunada señora. Beatriz Triz era la más calmada de todas pero se le escuchaba auto perdonarse por las desventuras de esta vida y declararse lista para abandonar este mundo.
Colombino puso la mente en blanco, había decidido que estaba preparado para morir. Sin embargo, no lo haría sin luchar. Armándose de valor, cargó en su espalda a la paciente sangrante y cogió de la mano a la vieja llorona. "Vamos a salir" dijo. Las 4 mujeres se lo quedaron mirando un poco confundidas por lo que acababan de escuchar pero, inmediatamente, sus rostros cambiaron y parecieron reconfortadas por las palabras decididas de Colombino. En ese momento, la tierra decidió temblar aún más y Colombino cambió su discurso por un "voy a salir" pero la chica sangrante no estaba dispuesta a dejar ir a Colombino solo. Se trepá a su espalda y agarrándose a su cuello con furor gritó, escupiendo algunos algodones rojos "corre maldito". La vieja chillona había tomado la misma decisión pues se había aferrado al brazo de Colombino tan fuerte que sus uñas empezaron a hundirse en la piel de nuestro héroe. Colombino ya había empezado a avanzar, intentando safarse de sus captoras, luchando por su superviviencia, golpeando con lo que podía a aquellos obstáculos humanos. Beatriz y la otra señora permanecieron en el marco de la puerta, observando atónitas el comportamiento de los otros tres y olvidando que el edificio aún temblaba fuertemente.
En el piso 8 cayó la vieja chillona desmayada por los puñetazos de Colombino y en el piso 3 cayó la chica sangrante, gracias a un efectivo golpe que Colombino dio a su misma espalda, tirándose hacia atrás mientras bajaba las escaleras. Colombino consiguió llegar a la salida justo cuando el terremoto había terminado. En ese edificio no se reportaron heridos graves, excepto por dos pacientes de un consultorio dental que, aparentemente, habían sufrido brutales caídas mientras intentaban llegar al primer piso.
Desde entonces, nuestro buen Colombino no ha regresado al consultorio de la Dra. Tía y es probable que de vez en cuando se le vea escapando despavoridamente de alguna casa o edificio, pues es víctima de temblores imaginarios. Se dice que dos mujeres, desfiguradas y algo locas, caminan sin rumbo por las inmediaciones del edificio donde se encuentra el consultorio dental de la Dra. Tía, murmurando que matarán a ese "muchacho maldito y cobarde" cuando lo vuelvan a ver.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No fue de mi agrado! :S

Anónimo dijo...

"Héroe" diceee jaja!

Y otra vez me volví a cagar de la risa =)

Cdt!

Alexa dijo...

Jajajajaja, pobre Colombino. Lo importante es la intención...QUIZO ayudarlas pero al final su instinto de supervivencia pudo más.