Colombino regresaba a la universidad. Esperaba que fuera una experiencia positiva, divertida y alentadora; el final de su carrera se tenía que cerrar con broche de oro! Empezaba su último semestre y sacaría su Título a Nombre de la Nación de Inútil Industrial, apto para ser contratado en todos los países de nuestro globo terraqueo. Había decidido estrenar cuaderno, lapicero y laptop, aunque sabía que esta última anularía a los otros dos tradicionales útiles de oficina. Igual, con la mochila cargada de ilusiones, de lapiceros, cuadernos y laptos, entró a su Anónima Institución Educativa.
Reconoció inmediatamente a algunos compañeros con los que había estudiado antes. Los tradicionales saludos iban y venían, a veces acompañados de alegría hipócrita al saber lo bien que les iba a algunos. Afortunadamente, Colombino sabía que sus objetivos en la vida eran otros (tenía muy bien diseñado su exacto plan para salvar al mundo de una invasión marciana) y no se enrronchaba por la felicidad dolaresca de sus colegas.
El trato que recibía en Anónima Institución Educativa S.A.C. se notaba diferente desde que Colombino pasó la puerta ese día. Su universidad había crecido y él también. Los guachimanes ya no le decían "avanza chibolo" sino "bienvenido señor"...era todo un adulto joven con laptop. Colombino podía notar las miradas furtivas de aquellos alumnos aún en proceso de formación que seguramente...OBVIAMENTE! notaban que Colombino no era uno de ellos...era parecido, pero él era algo más, todos cuchicheaban a su paso, bocas se abrían y objetos caían al verlo entrar, todo un profesional como diría su madre! La recepción en la puerta del salón también era diferente. La secretaria asignada para recibir al grupo de Colombino los miraba a todos como a los ganadores de una maratón, todos ya habían ganado la carrera, solo venían por meras formalidades (y por el exámen final que les daría el título profesional).
Todo estaba saliendo a pedir de boca. Hasta que dieron las siete de la noche. El salón estaba repleto, todos los "alumnos" con laptops y esperando recibir sus últimas lecciones (al menos las últimas de Colombino pues este no creía en esas nuevas religiones llamadas MBA's, Doctorados y no se qué mas tonterías). Las siete y un minuto...no pasaba nada. Siete y dos, siete y diez, siete y quince! La amable secretaria miraba nerviosa su reloj y sonreía al grupo que observaba con caras neutras la impuntualidad del expositor de ese día. Y resulta que así empieza nuestra titulación, decía una, ¡con un tardón! Llegó de emergencia un encorbatado que simplemente dijo "supuestamente yo no debería presentar este curso pero el encargado también ha llegado tarde, asi que les voy a poner un video". Colombino estaba escandalizado ¿dos personas responsables de este curso están llegando tarde? ¿a la etapa final de mi vida estudiantil? Igual pusieron el video y Colombino tuvo que resignarse a esperar.
El expositor llegó a las siete y cuarentaicinco muy tranquilo y rimbombante. No se excusó y simplemente empezó a dar su charla ¿no hay un preámbulo al principio del fin de mi vida estudiantil? Colombino estaba francamente decepcionado pues esperaba discursos emocionantes, remembranzas del pasado, serpentinas y pica pica hasta en el calzoncillo. En vez de eso simplemente empezó la clase. Y la tortura de Colombino se hizo mayor.
Perfexia Paraíso había decidido sentarse justo detrás de Colombino. Esta chica, a simple vista religiosa en extremo, amiga de humanos y animales no era nada mas que una hipócrita y vil demonio dispuesta a ser la mejor en todas sus clases, esperando el momento justo para lanzar un comentario que la elevase como la más sabia, la que había preleído todos los libros recomendados y la favorita de cual profesor se atravesase en su vida académica. Observaba la nuca de Colombino con una malicia disfrazada de sonrisita inocente. Por otro lado, en la clase también estaba otro personaje, hasta ahora ignorado por Colombino. Después de 10 años de haber salido de la universidad, no tuvo mejor idea que recién inscribirse en el curso para obtener su título profesional. Obviamente había esperado 10 años para poder atormentar a Colombino en la misma clase, cosa que había querido hacer desde que este le pateó la entrepierna en una fiesta infantil al ritmo de July y sus frutalinas. Colombino había olvidado por completo a este personaje y ni siquiera recordaba aquella fiesta, excepto por las cantidades industriales de chizitos que había comido ese día. Su nombre: Bollán Barriga.
Es así como Colombino, Perfexia y Bollán estaban en el mismo salón; los dos últimos sin saberlo compartían las ganas de destruir al buen Colombino. Durante esa clase, Perfexia no dejó de murmurar con su compañera del costado cosas como "qué intersante está la clase", "uy! eso es muy cierto", "vaya, qué divertido!"...murmullos que también llegaban a los oídos de Colombino y lo aturdían y desconcentraban...no entendía nada de lo que decía el expositor por culpa de Perfexia. Bollán por su parte, como todo un anciano en términos académicos, había decidido probarle a toda la clase (incluido Colombino) que él sabía más que el expositor. Lo interrumpía a cada momento con comentarios fuera de lugar, estando en desacuerdo simplemente por el gusto de estarlo. El expositor amablemente escuchaba sus comentarios pero Colombino no podía más pues no bastaba con aturdirlo sino que ahora lo poco que podía escuchar era interrumpido constantemente.
Colombino salió de la primera clase de su último semestre confundido y aturdido. Ahora sabía que tenía enemigos, nuevos enemigos a quienes debería enfrentarse con gallardía durante 6 largos meses. La batalla por su título había empezado. Y en el coffee brak quisieron invitarle gaseosa!
Reconoció inmediatamente a algunos compañeros con los que había estudiado antes. Los tradicionales saludos iban y venían, a veces acompañados de alegría hipócrita al saber lo bien que les iba a algunos. Afortunadamente, Colombino sabía que sus objetivos en la vida eran otros (tenía muy bien diseñado su exacto plan para salvar al mundo de una invasión marciana) y no se enrronchaba por la felicidad dolaresca de sus colegas.
El trato que recibía en Anónima Institución Educativa S.A.C. se notaba diferente desde que Colombino pasó la puerta ese día. Su universidad había crecido y él también. Los guachimanes ya no le decían "avanza chibolo" sino "bienvenido señor"...era todo un adulto joven con laptop. Colombino podía notar las miradas furtivas de aquellos alumnos aún en proceso de formación que seguramente...OBVIAMENTE! notaban que Colombino no era uno de ellos...era parecido, pero él era algo más, todos cuchicheaban a su paso, bocas se abrían y objetos caían al verlo entrar, todo un profesional como diría su madre! La recepción en la puerta del salón también era diferente. La secretaria asignada para recibir al grupo de Colombino los miraba a todos como a los ganadores de una maratón, todos ya habían ganado la carrera, solo venían por meras formalidades (y por el exámen final que les daría el título profesional).
Todo estaba saliendo a pedir de boca. Hasta que dieron las siete de la noche. El salón estaba repleto, todos los "alumnos" con laptops y esperando recibir sus últimas lecciones (al menos las últimas de Colombino pues este no creía en esas nuevas religiones llamadas MBA's, Doctorados y no se qué mas tonterías). Las siete y un minuto...no pasaba nada. Siete y dos, siete y diez, siete y quince! La amable secretaria miraba nerviosa su reloj y sonreía al grupo que observaba con caras neutras la impuntualidad del expositor de ese día. Y resulta que así empieza nuestra titulación, decía una, ¡con un tardón! Llegó de emergencia un encorbatado que simplemente dijo "supuestamente yo no debería presentar este curso pero el encargado también ha llegado tarde, asi que les voy a poner un video". Colombino estaba escandalizado ¿dos personas responsables de este curso están llegando tarde? ¿a la etapa final de mi vida estudiantil? Igual pusieron el video y Colombino tuvo que resignarse a esperar.
El expositor llegó a las siete y cuarentaicinco muy tranquilo y rimbombante. No se excusó y simplemente empezó a dar su charla ¿no hay un preámbulo al principio del fin de mi vida estudiantil? Colombino estaba francamente decepcionado pues esperaba discursos emocionantes, remembranzas del pasado, serpentinas y pica pica hasta en el calzoncillo. En vez de eso simplemente empezó la clase. Y la tortura de Colombino se hizo mayor.
Perfexia Paraíso había decidido sentarse justo detrás de Colombino. Esta chica, a simple vista religiosa en extremo, amiga de humanos y animales no era nada mas que una hipócrita y vil demonio dispuesta a ser la mejor en todas sus clases, esperando el momento justo para lanzar un comentario que la elevase como la más sabia, la que había preleído todos los libros recomendados y la favorita de cual profesor se atravesase en su vida académica. Observaba la nuca de Colombino con una malicia disfrazada de sonrisita inocente. Por otro lado, en la clase también estaba otro personaje, hasta ahora ignorado por Colombino. Después de 10 años de haber salido de la universidad, no tuvo mejor idea que recién inscribirse en el curso para obtener su título profesional. Obviamente había esperado 10 años para poder atormentar a Colombino en la misma clase, cosa que había querido hacer desde que este le pateó la entrepierna en una fiesta infantil al ritmo de July y sus frutalinas. Colombino había olvidado por completo a este personaje y ni siquiera recordaba aquella fiesta, excepto por las cantidades industriales de chizitos que había comido ese día. Su nombre: Bollán Barriga.
Es así como Colombino, Perfexia y Bollán estaban en el mismo salón; los dos últimos sin saberlo compartían las ganas de destruir al buen Colombino. Durante esa clase, Perfexia no dejó de murmurar con su compañera del costado cosas como "qué intersante está la clase", "uy! eso es muy cierto", "vaya, qué divertido!"...murmullos que también llegaban a los oídos de Colombino y lo aturdían y desconcentraban...no entendía nada de lo que decía el expositor por culpa de Perfexia. Bollán por su parte, como todo un anciano en términos académicos, había decidido probarle a toda la clase (incluido Colombino) que él sabía más que el expositor. Lo interrumpía a cada momento con comentarios fuera de lugar, estando en desacuerdo simplemente por el gusto de estarlo. El expositor amablemente escuchaba sus comentarios pero Colombino no podía más pues no bastaba con aturdirlo sino que ahora lo poco que podía escuchar era interrumpido constantemente.
Colombino salió de la primera clase de su último semestre confundido y aturdido. Ahora sabía que tenía enemigos, nuevos enemigos a quienes debería enfrentarse con gallardía durante 6 largos meses. La batalla por su título había empezado. Y en el coffee brak quisieron invitarle gaseosa!
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